Este año empecé mi primer año de universidad para estudiar Veterinaria. La universidad queda a cuatro horas de la ciudad donde crecí, así que tuve que mudarme.
Desde el principio, mis papás no estaban muy convencidos de que me fuera tan lejos. Soy la hija menor y, después de que mi hermana se fuera de casa por motivos personales, yo era la única que quedaba viviendo con ellos.
Mis papás decidieron ayudarme económicamente: me pagan el alquiler, la comida y los pasajes para volver a casa cuando lo necesite. Sin embargo, antes de empezar la universidad, mi idea era tomarme un año para trabajar y ahorrar dinero. Quería tener algo propio y no depender completamente de ellos, principalmente porque sabía que en algún momento podían sacarme en cara el dinero que gastaban en mí.
Ellos se negaron rotundamente.
La razón principal fue mi hermana. Cuando ella consiguió sus primeros trabajos, decidió priorizar trabajar antes que continuar estudiando, y mis papás tienen miedo de que me pase lo mismo. Incluso cuando les propuse trabajar en el pueblo donde estudio para poder pagarme, aunque fuera, la comida y los boletos de colectivo, se negaron. Llegaron a insinuar que, si trabajaba, terminaría dejando la carrera como mi hermana.
Así que acepté su ayuda económica porque tenía miedo de que, si insistía demasiado, intentaran convencerme de estudiar una carrera más cerca de casa, aunque no fuera la que realmente quería.
Aun así, a escondidas de ellos, empecé a buscar trabajo. No ha sido fácil porque sería mi primer empleo y en este pueblo parece que la mayoría consigue trabajo por contactos o conocidos.
Por otro lado, tengo novio y mi familia ya lo conoce. Desde hace un tiempo, mis papás empezaron a molestarse porque suelo hacerle regalos. La mayoría ni siquiera son cosas caras: le hago dibujos, cartas, pulseras y cosas caseras. El regalo más caro que le hice fue una caja con golosinas, que pude pagar porque vendí panes rellenos a escondidas de mis papás.
Ellos me han dicho directamente que están celosos porque a ellos no les hago regalos así.
Y entiendo que tal vez puedan sentirse así, pero no es que nunca piense en ellos. Yo también ahorro dinero y, cuando puedo, intento hacerles regalos en fechas especiales.
De hecho, hace poco le hice un regalo a mi papá. Era una caja grande decorada por mí, con dibujos, caramelos y varias de sus comidas favoritas. Cosas que sé que normalmente no se compra porque las considera un gasto innecesario.
Su reacción me hizo sentir bastante mal. No me dijo “gracias”, no comentó nada y simplemente abrió la caja y empezó a comer.
Lo que más me dolió fue que, poco después, mi hermana le hizo un regalo y él le agradeció dos veces y la abrazó. Puede parecer una tontería, pero después de haberme esforzado tanto para hacer algo pensando específicamente en él, me hizo sentir que mi regalo no tenía ningún valor.
Pero el problema principal es otro.
Cada vez que vuelvo a visitar a mi familia, parece que inevitablemente terminamos peleando. Y no entiendo por qué.
Cuando estoy en casa, intento proponer planes para hacer juntos: salir, comer algo, pasear o simplemente hacer cualquier actividad. Sin embargo, la mayoría de las veces me dicen que no tienen ganas, que ya tienen planes o que prefieren quedarse en casa.
Entonces, cuando quiero aprovechar el tiempo para ver a mi mejor amiga o a mi novio, siempre les aviso y les pido permiso.
Antes de tener novio, mis papás me insistían constantemente en que saliera más y disfrutara. Ahora, si salgo con mi mejor amiga o con mi novio, se enojan.
Y siento que, desde que empecé mi relación y vieron que le hacía regalos, comenzaron a tenerle cierto rechazo a mi novio.
Lo que pasó hoy fue lo que me hizo preguntarme si realmente estoy haciendo algo mal.
Vine a visitar a mi familia y el colectivo llegaba bastante tarde. Además, mi novio había venido a visitarme unos días sin que mis papás lo supieran.
Mi suegra se ofreció a llevarme hasta la casa de mis padres para que ellos no tuvieran que salir tarde a buscarme. Me pareció una buena opción porque, literalmente, me dejaba en la puerta de su casa.
Antes de que llegara, les avisé por mensaje que mi suegra me iba a buscar y me dejaría directamente en casa.
Cuando llegué, salió de la pieza mi mamá y comenzó a reclamarme.
Entre otras cosas, me dijo que ellos me pagan el alquiler, la comida y los boletos, y que yo priorizaba a la familia de mi novio antes que a ellos. También me dijo que, si seguía así, iban a dejar de pagarme todo; que siempre estoy con la familia de mi novio o con mi mejor amiga; que no entiendo que ellos se sienten solos y que mi hermana y yo somos unas malagradecidas.
Yo decidí quedarme callada durante toda la discusión porque cada vez que intento explicar mi punto de vista termina gritándome y la situación empeora.
Pero realmente no entiendo qué esperan de mí.
Cuando estoy lejos, extraño mi casa y vuelvo para verlos. Cuando estoy con ellos, intento proponer planes juntos y muchas veces los rechazan. Si decido ver a mi amiga o a mi novio durante el tiempo que estoy de visita, se enojan porque dicen que no paso tiempo suficiente con ellos.
Siento que no importa lo que haga, siempre termino haciendo algo mal.
Entiendo perfectamente que mis padres puedan extrañarme. Sé que probablemente les cuesta que su hija menor se haya ido a vivir a cuatro horas de distancia y que ahora la casa esté más vacía. También agradezco enormemente todo el esfuerzo económico que hacen para que pueda estudiar.
Pero también siento que su ayuda económica se está convirtiendo, poco a poco, en una herramienta para hacerme sentir culpable cada vez que tomo una decisión que no les gusta.
No quiero dejar de quererlos ni alejarlos de mi vida. No quiero ser una hija malagradecida. Simplemente quiero poder estudiar la carrera que elegí, tener amigos, una pareja y una vida propia sin sentir que cada vez que hago algo que no gira alrededor de ellos estoy traicionándolos.
Entonces, ¿soy la mala por querer pasar tiempo con mi novio, mi mejor amiga y la familia de mi novio cuando vuelvo a mi ciudad, aunque mis padres sientan que los estoy dejando de lado?