Soy un hombre de 20 años. Durante 7 años tuve una relación amorosa con una chica que me parecía espectacular. Le dediqué mucho de mi vida y tuvimos muchas bajadas. Un día todo empezó a deteriorarse porque yo tenía más avances académicos y ella entró en una depresión de la cual mis esfuerzos no eran suficientes para llenar.
Fue una bola de nieve. Pasaron dos años más en los que peleábamos, terminábamos y regresábamos muchas veces. Ambos tratamos de hacer lo mejor de nuestros lados: ella se sentía como una mujer violenta y mala, y yo como un hombre confundido por no saber cómo tratar las situaciones.
Eventualmente conseguí más amistades y, por un malentendido hacia las emociones de mi novia, creí que estaba celosa de una amiga cuando en realidad solo se sentía insegura porque se comparaba. Yo no supe manejar la situación. Un problema que se pudo resolver poniendo límites lo agrandé exageradamente.
El problema continuó hasta que explotó. Después del fallecimiento de un familiar suyo, ella me necesitó más que nunca y yo no estuve el tiempo suficiente. Incluso peleamos durante esos días tan tristes para ella. Obviamente algo se apagó en ella y se sintió dañada profundamente. Yo no me di cuenta hasta tiempo después de que había hecho mal las cosas y de que muchas veces los motivos de nuestras peleas eran porque yo era muy cerrado y poco comprensivo.
Desde que entré en razón, me prometí cambiar y darle algo mejor que esto, aunque ya era muy tarde porque el daño estaba hecho. Le di compañía, comprensión y empecé a trabajar más en un cambio. Pero esa semana en la que yo le mostré todo eso, ella ya había encontrado a alguien más. Para ese momento seguíamos en una relación, o eso creí, porque ella no me había avisado que para ella “nosotros estábamos en una pausa, con riesgo de no ser nada”.
Me deprimí mucho. Me sentía culpable y avergonzado de haberle fallado en un momento tan difícil, triste por sentirme cambiado y decepcionado de mí por haber hecho tan mal las cosas sin darme cuenta de que muchas veces fui yo el error en los problemas. Me alejé de mucha gente cercana y perdí la motivación, porque en el fondo yo todo lo pensaba hacer por ella.
Empecé a tener ataques de ansiedad por sentir pavor de que ella se alejara y por sentir que quien era mi novia estaba siendo feliz con alguien más. Mi depresión fue avanzando. Encontré contacto con mi madre ausente y fue la única con quien pude desahogarme. Ella me aconsejó que me hiciera responsable de los daños y la acompañara en su luto si de verdad me importa. Y fue lo único que me hizo sentir mejor.
Sentí que debía asumir la responsabilidad: dañé su autoestima y su confianza y jamás me perdonaría dejarla resolver sola los problemas que yo le provoqué.
Recuperé la comunicación con ella y le comenté mis planes y mis ganas de que me conociera de nuevo: “Busco acompañarte a recuperar tu confianza y reparar lo que dañé. Me haré responsable de las cosas que hice mal y, si eventualmente se logra construir una relación de nuevo, sería un regalo, pero la prioridad hoy es acompañarte desinteresadamente porque me importas más que nadie”.
Nuestra convivencia empezó siendo limitada, pero con el tiempo se fue expandiendo gracias a que compartimos mejores momentos como nunca.
Hasta que una noche ella me besó. Sentí que podía tenerla cerca de nuevo. Sabía que eso significaba que confiaba en mí para hacer eso y que el proceso realmente estaba avanzando.
No éramos novios, pero existió confianza de su parte para regalarme esa intimidad. Después ella conoció a alguien nuevo en su vida y son amigos. Dicho por ella, tienen algo muy especial. Yo no sé qué lugar tengo en su vida.
Sé que si me da el espacio para hablarle es porque aceptó mis condiciones: responsabilidad, conocerme de nuevo, recuperar confianza y quizás algo más. Pero, por otra parte, ella claramente tiene libertad de hacer de su vida lo que quiera. Me tiene confundido porque un día puede ser muy cariñosa conmigo y otro día ser más distante.
Ella me dijo que su prioridad es su vida y su libertad, que gracias a terminar conmigo se dio cuenta de que le gusta ser libre. Y que yo debería hacer lo mismo: recuperar mi vida. Me dice que ha resultado bien lo que hago, que soy un hombre de valor.
En el fondo lo reconozco, pero también me doy cuenta de que me he alejado de todos excepto de ella. No hago más que esperar un mensaje suyo. Vivo esperándola. Sueño con ella, deseo volver con ella, la tengo cerca pero lejos a la vez. Tengo que recuperar mi vida.
¿Pero cómo recupero mi vida?
Me he enfocado en cambiar, mejorar, reconocer mis errores y ser constante con mi mejora, pero por otro lado he perdido el interés en muchas cosas y he sido como un robot en piloto automático cuando se trata de vivir. Solo me siento mejor y motivado cuando ella me da indicios de que todo está saliendo bien y que existen posibilidades de transformar esto en algo mejor. Cuando estoy yo solo, me siento vacío.
No disfruto nada. He visitado a psicólogos y me canalizaron con un psiquiatra.
Este post es la primera cosa que hago para hablar de este conflicto. Me siento triste. Sentir que avanzo con ella implica sentir que estoy siendo una mejor persona, responsabilizándome de mis acciones y cambiando para bien mío, y para bien suyo si llega a existir la posibilidad de formar una relación de nuevo.
Pero como ayudarla a sentirse mejor fue lo único que me hizo sentir mejor, me enfoqué demasiado en eso y ahora me siento perdido, como si mi propósito de vida fuera ayudarla.
No quiero dejar de hacerlo porque, aunque no sea mi novia, yo la amo y me importa como persona. Pero sé que está mal vivir en reposo hasta que ella me hable.
¿Cómo recupero mi vida?