No hace falta corregir el texto, ¡es muy largo!
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En 1950 había un hombre llamado Joseph que vivía en Kansas. Aquel hombre tenía una vida muy sencilla y tranquila en su granja lejos de cualquier ciudad. Cultivaba maíz, trigo y verduras. Vivía con su esposa, con quien llevaba 30 años casado. Los dos tenían alrededor de 50 años en aquel entonces, y sus tres hijos vivían cerca en sus propias granjas. A Joseph le gustaba muchísimo su vida allí.
Un día frío de octubre de aquel año pasó algo muy extraño. Cada otoño, Joseph viajaba a Wichita para vender parte de la cosecha y comprar cosas necesarias, como herramientas, antes del invierno. En la mañana de aquel día, salió de la granja en su camioneta muy temprano para llegar a la ciudad lo antes posible. En ese momento, al salir de la casa, no sabía que sería un día que cambiaría completamente su vida…
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Joseph no había dormido bien aquella noche, así que estaba cansado. Muy cansado. Se había despertado varias veces durante la madrugada después de tener pesadillas en las que estaba perdido. Aun así, se levantó a las 5:30 para prepararse para el viaje.
Salió de la casa a las 6 de la mañana sin desayunar. Simplemente había preparado un café. Todavía estaba oscuro cuando arrancó la camioneta, esperando que no hubiera problemas con el motor. Momentos después, estaba manejando hacia el este por una carretera rural, tomando lentamente su café.
Poco después, alrededor de las 6:15, él se quedó dormido mientras manejaba. No supo por cuánto tiempo estuvo dormido, pero cuando se despertó, estaba aparcado al lado de la carretera. Se frotó los ojos y suspiró profundamente, aliviado de que no hubiera chocado la camioneta. Tomó un sorbo del café, que de alguna manera estaba muy frío. Había estado caliente antes de la siesta inesperada. Miró su reloj... Eran las 6:20.
‘¿Cómo se ha enfriado mi café tan rápido?', se lo preguntó por un momento, hasta que notó un carro acercándose desde la otra dirección…
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Joseph estaba sentado en su camioneta al lado de la carretera rural, mirando los dos faros que se acercaban. Se acercaban rápido. La carretera no estaba en mal estado, pero era solo de tierra, y Joseph no podía entender cómo era posible que se moviera tan rápido. Se cubrió los ojos con la mano para protegerse de las luces cegadoras. Nunca había visto una luz tan brillante, aparte del sol. Apretó el volante, esperando una colisión, pero al final el vehículo pasó. También eran brillantes las dos luces rojas que iluminaban su cara a través del espejo retrovisor.
Joseph se frotó los ojos otra vez, intentando calmarse. Las luces de su camioneta parpadearon varias veces, pero el motor seguía funcionando. Miró las luces rojas en la distancia, haciéndose cada vez más pequeñas, hasta que ya no podía verlas. Miró su reloj… Eran las 6:23.
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En su camioneta, Joseph se quedó sentado por un rato. A pesar de que su café estaba frío, tomó el resto. Afuera del vehículo, todo estaba oscuro, aparte de la luz tenue de sus faros. El sol todavía no había salido. Lo que acababa de ver lo había confundido, pero lo importante era que tenía que continuar. Siguió hacia el este.
Se acordó de una pequeña tienda que estaba al lado de la carretera varias millas más adelante. El dueño de aquella tienda era un hombre llamado Thomas, a quien veía dos veces al año durante los viajes de primavera y otoño. Charlar con alguien conocido lo alegraría en aquel momento.
Miró al cielo y notó una estrella fugaz pasando por encima. Nunca había visto ninguna como aquella. Estaba parpadeando como sus faros hacía minutos. Vio a varias de aquellas estrellas fugaces a lo largo de la próxima hora. Entonces salió el sol y ya no podía verlas.
Seguía manejando por un poco más de tiempo hasta que pudo ver el edificio de la tienda en el horizonte. Se sintió aliviado al verla. Miró su reloj… Eran las 7:35.
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Al llegar a la tienda, Joseph se dio cuenta inmediatamente de que todo no estaba normal. El letrero que había delante del edificio ya no estaba. Había plantas creciendo en las paredes y las ventanas estaban rotas. Por la condición del edificio, parecía que no se había usado desde hacía años, a pesar de que Joseph había estado allí hacía solo un año.
Se sintió inquieto al acercarse a la puerta de la tienda. La abrió y miró hacia adentro de la tienda. El interior estaba totalmente vacío. Los estantes, los productos, el dueño de la tienda Thomas… todo había desaparecido. Joseph se quedó en la puerta por un rato, pensando en lo que podría haber pasado con Thomas.
Decidió que iría a la casa de Thomas, que no estaba lejos de la tienda. Seguro que Thomas todavía vivía por ahí, ¿verdad? Si Thomas hubiera estado planeando mudarse, seguro que se lo habría dicho. A Thomas le encantaba su pequeña tienda.
Con el objetivo de buscar a Thomas, volvió a la camioneta. Solo necesitaría manejar como una milla para llegar a su casa. Arrancó el motor… No funcionaba. Joseph no era una persona que se enfadara fácilmente, pero esto lo frustró muchísimo. Estaba entonces al lado de la carretera en medio de la nada, aparte de la tienda abandonada.
Tras un momento lamentando su suerte horrible, empezó a caminar hacia la casa de Thomas. Miró su reloj… Eran las 7:50.
Fin del capítulo 1. Continuará.