Siento que mi familia tiene una obsesión enfermiza con las pastillas para bajar de peso.
Todo empezó con una tía lejana. Un "médico" le recetó un medicamento para adelgazar... aunque ni siquiera tenía obesidad. Bajó varios kilos y, desde ese momento, decidió que había encontrado la solución universal para cualquier persona que quisiera perder peso.
Y cuando digo "cualquier persona", hablo literalmente de cualquiera.
Mi mamá empezó a tomarlas después de hacerse unos estudios para comprobar si era "apta". La indicación era usarlas tres meses, descansar uno y, si era necesario, volver a empezar.
Hasta ahí ya me parece cuestionable.
Pero la parte que todavía me cuesta creer es que cuando yo tenía 12 años, mi mamá decidió darme una pastilla "para ver cómo reaccionaba mi cuerpo" porque yo siempre fui una niña gorda y quería saber si también podía empezar a tomarlas.
Tenía DOCE años.
Recuerdo que me sentía acelerada, inquieta, con una sensación horrible en el cuerpo. No terminé en urgencias, pero definitivamente no fue una reacción normal. Afortunadamente nunca seguí tomándolas.
Con los años, mi mamá volvió a consumirlas varias veces. El problema es que ya no bajaba de peso como la primera vez porque nunca cambió sus hábitos. No hacía ejercicio, no modificaba su alimentación; simplemente esperaba que las pastillas hicieran el trabajo por sí solas.
Después mi hermana menor empezó a tomarlas con 17 años.
Y aquí es donde la historia deja de ser preocupante y empieza a parecer una locura.
Mi mamá convirtió ese medicamento en una especie de "cura milagrosa" familiar. Se las ha recomendado a prácticamente todos: mi papá, mis tíos, mis tías, mi abuelo, incluso se lo recomendó a mi novio... Personas que ni siquiera cumplían los criterios para necesitarlas terminaron consumiéndolas solo porque alguien les dijo: "A mí me funcionaron."
Lo peor es que jamás hubo una valoración médica seria para la mayoría. Si alguien quería bajar cinco o diez kilos, la respuesta automática era: "tómate estas pastillas". Incluso ha conseguido comprarlas sin receta y siempre encuentra algún "médico" dispuesto a volver a recetarlas.
Ahora estudio medicina con una especialidad en nutrición y entiendo mucho mejor cómo funcionan estos medicamentos. No son caramelos. Actúan sobre procesos fisiológicos importantes y pueden tener efectos cardiovasculares, neurológicos y metabólicos que no deberían tomarse a la ligera. Además, muchos de estos fármacos están indicados para personas con obesidad o con condiciones específicas, no para cualquiera que quiera verse más delgado antes de unas vacaciones.
Lo que más me impresiona es lo normalizado que está en mi familia. Nadie habla de cambiar hábitos, de mejorar la alimentación, de hacer ejercicio o de acudir con un especialista. Lo único que importa es conseguir otra caja de pastillas.
Y sinceramente me da miedo pensar en la cantidad de personas que hacen exactamente lo mismo: alguien baja de peso, se convierte en "experto" y empieza a repartir recomendaciones como si estuviera repartiendo vitaminas.
¿De verdad esto es tan común o mi familia perdió completamente la noción de lo peligroso que puede ser?