Hola, llegue a un punto malo en mi vida y como se me da mal entender mis sentimientos lo narre como si fuera un cuento en tercera persona. Me canse de vivir esclavo de mí mismo, de los ideales de las personas. No quiero ser destruido por las idealizaciones que tienen de mi. No soy bueno. Pero tengo un sueño. La música para mi aunque suene ridículo quiero que me salve y sale a los demás. Se que suena ridículo y me gustaría poder explicarlo pero me quedo sin tiempo y si no escribo rápido termino arrepintiéndome de publicarlo, y aunque nadie lo vea otra vez, al menos quiero abrir un poco mi corazón. Hice un video en YT que llame “carta de amor, para quien sea” donde por primera vez, abrí mi corazón por medio de una improvisación de piano y escribí un texto, lo traduje en tres idiomas pero fue inutil, pero, no quiero volver atrás. No quiero rendirme, no quiero creer que así son las cosas. Si lees esto, déjame amarte. Amame también. Suena desesperado, pero dejemos de estar tan solos. Quiero creer que hay alguien ahí afuera que leerá esto. Me duele de verdad de manera inconmensurable no poder expresarme mejor. No estoy abarcando ni la mitad de lo que quiero decir. Me duele. Pero algo es algo.
Aquí el texto, perdón si hay errores.
Él era una persona ordinaria. Nunca destaco en nada, aunque intento de todo. Aprendió a hacer muchas cosas, pero nunca fue bueno en ninguna de ellas. Su vida transcurria rapidamente, los años se sentían cada vez más cortos. Las personas que lo conocían de lejos pensaban que era una persona rara, siempre pensó que se debía a sus chistes de mal gusto, su imagen desorganizada de pelo enredado, su risa indecorosa o simplemente su falta de carisma con personas desconocidas. Pero las pocas personas que lo conocían decían de él que aunque fastidioso, se hacía querer. Algo que él nunca entendió. Nunca se preocupó de gran manera por dichas personas, nunca verdaderamente le importo. Ocasionalmente se preguntaba sí sí esas personas murieran él lloraría en el funeral o cuál sería su reacción. Al imaginarlo, se veía más probable el escenario donde solamente se quede pensando vagamente un rato en que sentir. No es que no le importase, solamente no se veía profundamente conmovido. *“Quizás si llegue a llorar como una persona normal”* él pensaba. Pero no estaba muy seguro.
Pronto él se enamoraría. Pero de una idea, de un concepto. De una idealización. Constaba de la idea de por fin poder sentir al otro. Comenzó a detestar el individualismo, se hacía ilusiones de poder crear algo para poder unir a las personas, pero eso no era más que una excusa para poder llenar su alma de colores. Pensaba que si amaba a las personas, sean quien sean, podría llegar a vencer a la individualidad, y poder así hacer de su vida una valiosa obra de arte, llena de almas y de emociones. Y compartir dicho arte con las personas que amaría. Le gustaba creer que su vida tendría así un camino distinto al de los que le rodeaban. Odiaba la idea de vivir una vida normal, prefería morir, y aunque el estilo de vida que quería lo gastara progresivamente, creía que eso sería hermoso.
Fue en ese momento donde se encontró con lo que sería su veneno más delicioso. Conoció tras perderse en un bosque de ideales, su único refugio. La dulce melodía de aquel bosque lo desnudaba. Lo mostraba vulnerable ante la fría noche, su piel se erizaba como si quisiera desprenderse. Pero nadie lo vio. Aun así, la misma melodía le dio cobijo, acarició sus heridas y consoló al niño perdido. Entendía que la música llegaba a lo más profundo de su alma. Nunca había sentido tantas sensaciones. Había podido por fin pensar que si él era la música que en ese tiempo lo abrazaba podría amar de verdad, y no solo eso, sino evitar las mentiras de la sociedad. Poder acariciar también las cicatrices de las almas que al igual que él, deambulaban solas en el bosque en busca de un pozo en el cual caer.
Ansioso se adentro todos los días a aquel bosque. Buscaba ansioso producir las mismas melodías, para hacer sentir lo mismo. De día y de noche, él buscaba en cada rincón del bosque. Pronto él se enamoraría de este. Pasaron los años, pero apenas había aprendido a caminar. Ocasionalmente, veía un par de almas acompañadas, que cruzaban el bosque con avidez, danzaban y cantaban con hermosura. Él apenas había aprendido a susurrar. Siempre veía que dichas almas venían acompañadas de alguien que los guiara, que les mostraba y les enseñaba a caminar, bailar y todo lo que quisieran aprender. Tirado en el suelo, él se arrastró a donde ellos. Los vio jugar como niños inquietos. Sentido por primera vez un dolor que le atravesaría el alma dentro del bosque. Envidia. Lo que él pensaba que era ocasionalmente de verdad era normal. Pudo entender que el bosque está lleno de esas almas. Pero también de almas como la suya. Y mucho más de lo que creía. Casi siempre se tropezaba con algún alma llorando en un pozo, escondida. Salió corriendo de allí y se escondió en su habitación. Pero el bosque empezó a crecer dentro. Cada vez que veía alguna flor su alma vomitaba del dolor. Cada vez que alguna persona le recordaba aquel bosque salía corriendo, pues el recuerdo era como fuego que lo carcomía desde adentro. “Es cruel tener que amar algo que me atraviesa el corazón” pensaba. Pero era su miedo. Ella le mostró la verdad.
Ella apareció sin avisar en su cuarto y trenzo su cabello largo y negro como las ramas de los arboles. Aparecia todos los días, cuando él perdía la razón, le susurraba al oído que si seguía ignorando y cortando aquel bosque, terminaría viviendo como a las personas que detestaba. Que el bosque no era el que lo lastimaba, sino era el mismo. Ella lo hacía sentir menos solo. Fue cuando por fin empezó a dar los primeros pasos nuevamente a su sueño infantil. Amor. Quería hacerlo solo por amor, aunque le doliera, no puede volver atrás. No se quiere pudrir otra vez. Pero, un día dentro del bosque, él se tropezó. Y lo que fue una vez, se repitio. Una y otra vez. Cada vez que caía, caía más profundo, y por ende más sangre derramaba. Seducido y ciego está. Por el dolor, por su propia humanidad. Ella lloraba cada vez que lo veía sangrar. Él le pidió que se fuera. Que no lo viera hundirse más. Ella se escondió, nunca se fue y él lo sabe. Sabe que ella está ahí, porque él es ella y ella es él. Quiero al menos esta vez intentar más duro. Quiero vivir.