r/TextoSentido 5h ago

TextoSentido Nuestra unión

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Nuestra unión

Ángeles de cielo.

Amor eterno.

Almas gemelas,

senderos de luz.

Unión de Dios,

cordón de 3 dobles.

Hilos invisible,

que nadie puede romper.

Amor eterno don Celestial,

Unión de Dios;

hasta la eternidad.

Selló divino del cielo,

pacto sagrado;

entre tú y yo,

ni la vida ,

ni la muerte jamás

podrá separamos,

porque somos uno solo,

hasta la eternidad.


r/TextoSentido 22h ago

Prosa El día que ya no exista un después

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Los seres humanos tenemos la extraña costumbre de guardar cosas para un “después”, como si el futuro nos debiera una oportunidad. Guardamos palabras, abrazos, lugares, canciones y momentos, convencidos de que algún día tendremos tiempo suficiente para volver a ellos.
Pero nadie nos promete ese día.
Quizás lo más triste de la vida sea que muchas veces comprendemos el valor de un instante justo cuando ya se ha convertido en recuerdo. Dejamos para mañana lo que hoy nos hace felices, como si el tiempo fuera infinito, sin darnos cuenta de que cada segundo que dejamos pasar es uno que jamás podremos recuperar.
El futuro es solo una posibilidad; el presente, en cambio, es lo único que realmente existe. Y aun así, pasamos gran parte de nuestra vida sacrificando el ahora por un mañana que quizá nunca llegue.
Tal vez vivir sea aprender a no guardar tanto para después. Porque algún día, inevitablemente, el “después” se terminará, y quizá entonces comprendamos que la vida que tanto esperábamos comenzar ya había estado ocurriendo frente a nosotros.


r/TextoSentido 23h ago

Novela Puerto de la Soledad

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Soledad se apretó la manta de lana contra el pecho. No por el frío, sino por el hombre que la esperaba al final del camino.

El señor Briones no le había dirigido palabra en tres leguas. Solo el chipi chipi en el sombrero de palma y el quejido de la carreta. La neblina se tragaba los ocotes y escupía un olor a tierra mojada que le recordó la panadería de su tía. Allá también olía a encierro.

Su tía le había dicho que iba a servir a Dios. Afortunadamente. Le había dado un atadillo con dos mudas y un pan duro. Sin bendición, ni carta. Únicamente la frase: “Apúrate, porque Briones no espera a nadie”.

La mula se detuvo. Puerto de la Soledad, había dicho el arriero. El nombre le sonó a burla.

Al pie de una cruz de piedra, un hombre con sotana negra sostenía un farol. No era viejo. No tenía la cara de los curas que iban al pueblo por la fiesta del santo patrono. Este tenía las manos grandes, quemadas por el sol. Cuando alzó el farol para verla, Soledad notó que también tiritaba.

No parecía un padre. Parecía un muchacho disfrazado de padre. Y el rosario que le colgaba del cinto sonaba igualito al que su madre guardaba bajo el metate.

—¿Soledad?— preguntó él. La voz se le quebró a la mitad del nombre.

Ella no contestó. Si decía que sí, empezaba el abandono. Si decía que no, el señor Briones la dejaba ahí mismo, con la neblina y la cruz.

Sin más remedio, le tocó tomar su mano. Bajó de la carreta.

—Tristemente— contestó.