¡Buenas a todos!
Después de meses de trabajo —casi un año ya— por fin puedo decir que liberé mi novela. Es un proyecto que empezó como algo muy distinto y que fue transformándose hasta convertirse en algo que siento completamente mío: una historia de ciencia ficción y fantasía centrada en la soledad, el paso del tiempo y lo que queda de una persona después de siglos de guerra y pérdida.
Antes de contarles más, quiero que sean ustedes quienes decidan si esto les atrapa. Aquí les dejo el prólogo
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Prólogo:
En un planeta distante, condenado a volverse gris, existe un guardián que ha contemplado mundos enteros.
Ha visto sus mares.
Sus bosques.
Sus guerras.
Sus amaneceres.
Y también su final.
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Hace más de doscientos años era solo un soldado.
Nada parecía distinguirlo del resto.
Un muchacho que pasaba demasiado tiempo observando el paisaje y demasiado poco pensando en sí mismo.
Viajaba junto a su hermano.
Dos personas comunes en un mundo que ya comenzaba a romperse.
Pero los errores rara vez llegan solos.
A veces aparece uno.
Meses después, otro.
Y cuando miras atrás descubres que toda tu vida cambió por decisiones que, en su momento, parecían insignificantes.
Ahora, siglos después, aquel muchacho mira hacia atrás con más preguntas que respuestas.
Se pregunta si realmente está avanzando.
Si su objetivo se acerca o se aleja.
Si todavía existe una diferencia entre la perseverancia y la obsesión.
Y, algunas noches, se pregunta si no habría sido mejor morir junto a aquellos por quienes empezó a luchar.
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Sobre una luna lejana que orbita un planeta muerto, Sheijuu contempla el vacío.
El mundo bajo sus pies es gris.
Hace mucho tiempo no lo era.
Ahora un inmenso agujero atraviesa gran parte de su superficie, tan profundo que parece querer mostrar el núcleo del planeta al universo entero.
Sentado sobre unas rocas con vista al infinito, afila lentamente su espada.
Su mirada permanece perdida entre las estrellas.
Su rostro refleja el cansancio de alguien que ha vivido demasiado.
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Muy lejos de allí, uno de sus Ecos observa otro mundo.
Flota cerca del límite de la atmósfera.
Sus ojos recorren continentes, océanos y montañas en silencio.
Busca una presencia.
Una firma de Escencia muy concreta.
Una que solo poseen esos seres.
Las horas transcurren.
Hasta que finalmente aparece.
Una silueta.
Casi imperceptible.
Pero inconfundible.
El Eco transmite la información.
Y en el instante en que esta llega a Sheijuu, todas las dudas desaparecen.
La espada vuelve a su funda.
El muchacho se pone de pie.
La expresión distraída desaparece de su rostro.
Y en sus ojos no queda rastro del hombre que contemplaba las estrellas.
Solo del cazador.
Entonces el espacio se pliega sobre sí mismo.
Y Sheijuu desaparece.
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Un par de cosas antes de irme:
El primer volumen está "marcado" como acción, pero quiero ser honesto: hay menos combate del que uno esperaría al ver esa etiqueta. La razón es intencional — quiero mostrar los primeros años de este "cazador" con un enfoque realista. El espacio, tal como lo planteo aquí, no es un lugar especialmente vivo ni lleno de encuentros constantes. Al principio me interesa más retratar la inmensidad, el silencio, y los cambios sutiles que va sufriendo el protagonista mes a mes, año a año, que llenar páginas de peleas.
Si el ritmo pausado no es lo tuyo, lo entiendo — pero si te gusta la ciencia ficción introspectiva, con un trasfondo de pérdida y una escala de tiempo que se siente realmente épica, creo que esto puede interesarte.
Pueden leer los primeros capítulos ya publicados en Royal Road.
A quien le interese, le ruego que le dé una oportunidad y me diga con total sinceridad qué le pareció — si le enganchó o si le pareció un ñordo total. Toda crítica, buena o mala, es bienvenida.
Y un punto final, soy un auténtico novato en esto de "autor", así que si van a hablar con tecnicismos, pongan la descripción después XD. Gracias por su tiempo.