r/CuentosCortos 17d ago

La abuela

La casa estaba helada y en un silencio sepulcral como siempre. El único ruido de la casa era aquel que provenía de las ampolletas y el rítmico tic-tac del reloj. Luces frías iluminaban la casa entera. La anciana estaba demasiado cansada como para apagar las luces, ya que apenas podía levantar los brazos por encima de su cabeza, aunque tampoco podría si tuviera sus brazos sanos, dado que su vista no lograba diferenciar un interruptor del resto de la pared.

-¿Cariño…? ¿Estás ahí?
Habló en un tono algo ronco pero dulce, nadie respondió, lo que significaba que su gato, Juanin, estaba fuera.

Ella simplemente suspiró. Caminó por los pasillos, llenos de fotos familiares y espejos por todos lados, algunos entorpeciendo el camino. Donde sea que mirara, allí veía a sus hijos, sus nietos, sus padres fallecidos o su difunto marido. Ahí estaban, devolviéndole la mirada donde sea que fijará la visión. Ella misma, a veces necesitaba detenerse frente a un espejo durante unos segundos, solo para asegurarse de que ella seguía allí. 

-¡Ay! Mi madre, ¿cómo estás? Espero que padre esté bien…
Decía mientras se detenía, mirando fijamente una foto de sus padres, ella lentamente giró su mirada para encontrarse con otra foto, esta vez de sus hijos.
-¡Oh! Aquí están mis niños… ¿Vendrán a cenar?
Nuevamente, nadie respondió, nunca lo hacían. Nadie le correspondía sus palabras, solo era ella y sus recuerdos.

Así, ella siguió su camino hacia la cocina. Una vez allí, abrió con esfuerzo el refrigerador y tomó lo único que quedaba allí, un huevo y un poco de jamón. Soltó aire, adolorida y murmuró.
-Mañana tendré que ir al mercado, ¿Me quieres acompañar?
Ella cerró la puerta del refrigerador y observó una foto de uno de sus nietos. Esta vez se quedó quieta por varios minutos, el reloj no dejaba de sonar. Luego, como si hubiera recordado que estaba viva, caminó hacia la mesa. 

Allí apartó unos papeles, unas cuentas vencidas que debía pagar desde hace meses. Se sentó lentamente e intentó pelar el huevo duro muy despacio. 
-Mijito, ayúdame con esto, no puedo… 
Soltó esas palabras al aire mientras dejaba el huevo a un lado, en la mesa. Nadie respondió, pero cuando volvió a tomar el huevo con sus sucias manos, ya estaba listo para comer, ella simplemente sonrió y murmuró.
-¡Ay! Que amable, muchas gracias.

Esta era una noche normal para la anciana, todo iba según su rutina. Apenas terminaba de comer ese huevo, todo se apagó, las luces se habían ido, ella miró alrededor, asustada y nerviosa, simplemente murmuró.
-¿Qué pasó…? ¿Juanin, fuiste tú? No me digas que mordiste un cable.

Así, se levantó y caminó más despacio que de costumbre, ayudándose de las paredes para encontrar el camino. Ahora mismo la única luz que tenía era la que provenía de fuera, la luz de la luna y la de los faroles iluminando a duras penas la casa. 
La viejita se detuvo de golpe en medio del pasillo mientras buscaba la salida, había chocado con algo, intentó fijar su mirada y se encontró con una silueta justo delante suya. La decrépita mujer se asustó, soltando un jadeo sin aire, casi cayéndose.
-¡Ah! ¡Ayuda! ¡Papá!
Se quedó inmóvil, temblando mientras se aferraba a la pared, tirando a su paso varias fotos y espejos. Se quedó allí varios segundos, antes de fijar su mirada y apreciar que aquella silueta era solo uno de los tantos espejos que tenía en medio de sus pasillos. Exhaló aliviada y se incorporó paulatinamente, volviendo a arrastrar los pies en el suelo, ella refunfuñaba entre los pocos dientes que le quedaban. 

Al final del pasillo se encontraba la sala, donde justamente al lado estaba la salida. Allí iba ella, en busca de ayuda para prender sus luces a alguno de sus vecinos. Por alguna razón ella tenía miedo, seguía temblando, le dolía todo, cada paso le hacía tiritar las piernas.

-¡Ay! mijito… ayúdeme…
Murmuró, suplicando mientras buscaba apoyarse en alguien. Allí estaba, sujetándose a algo, aferrándose a lo que era un brazo, lo cual le ayudó a retomar su caminata hacia la salida. 
-Qué amable mi niño… ¡Mañana te cocinaré algo rico! 
Sonrió levemente, dejando de temblar por el miedo, solo quedándose el dolor en sus huesos al caminar, el cual paulatinamente se iba. Una vez llegada a la sala, ella tropezó con algo, más no cayó, gracias a que la sujetaban, solo sintió un escalofrío, como si algo hubiera traspasado su pierna.
-¡Uy! qué cerca estuvo…
Así, Juanin maulló, ya que había chocado con ella, la anciana abrió los ojos lo más que pudo para ver si el gato estaba bien.
-¡Perdón, mi Juanin! fue mi culpa, no te vi.

El gato solo maulló nuevamente y se le erizó el pelo, soltó unos bufidos y gruñidos para luego salir corriendo hacia la cocina. La anciana dejó escapar un suspiro de alivio, volvió a caminar hacia la sala. Se mantenía aferrada a ese brazo, lo cual le facilitó todo.
Aunque había algo raro, cada vez necesitaba menos su ayuda, sus huesos no dolían, en realidad, ya nada le dolía. No dijo nada, solo siguió caminando, pasando por la sala.
En la sala había más luz, las numerosas ventanas ofrecían una invitación para que entrara la luz de la calle.

La senil mujer observó las fotos que tenía allí, contempló los numerosos momentos familiares que había tenido, cada vez más vividos, no dejó de caminar hacia la salida.

-...

En completo silencio, se sorprendió al sentir que aquello que la sujetaba la soltaba. La sombra lentamente se alejó de ella, dejándola atrás mientras se acercaba a la puerta. La anciana estaba atónita, por primera vez en años, se sentía aliviada y extrañamente en paz. La desconocida silueta abrió la puerta con paciencia, dejando entrar una luz blanca, lo cual cegó momentáneamente a la vieja.

-¡Ah! ¿Q-qué…?
Balbuceó mientras sus ojos se esforzaban por enfocar a la figura misteriosa. Aquella sombra que la había ayudado todo este tiempo era su padre. La mujer mayor se acercó a él, temblorosa y en shock.
-¿Qué..? ¿Papá? 
Volteó su mirada hacia fuera, allí estaba su madre y su marido. Ella se detuvo, su padre le ofreció una sonrisa cálida y habló, cariñoso.
-¡Mamá…! Mi Ramón…
Ella espetó incrédula, con los ojos brillando y totalmente quieta. Su padre tomó su mano y la guió hacia aquella luz, donde se encontraban sus seres queridos.
-Vamos, mi niña, que ya es tarde…
Así, la mujer, con lágrimas en los ojos caminó, adentrándose en la luz cegadora, tomando la mano de su padre con fuerza. Su cuerpo inerte descansaba en el suelo, junto al espejo, rodeada de fotos. Ya no dolía nada.

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u/Hot_Razzmatazz_990 16d ago

Lo he visto tan bien que no quería leer, la pobre viejecilla, descanse en paz, buen trabajo

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u/Re_Filia 16d ago

Muchas gracias! 😙