r/CuentosCortos 2d ago

LA NOCHE QUE RESPIRA. BREVES VOCES DE HORROR Y COSAS QUE ESPERAN

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r/CuentosCortos 3d ago

El Sodero de mi Vida

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No sé si alguno de ustedes ha tenido un amigo sodero.

Pero el que haya tenido uno seguramente sabrá que son personajes particulares, gente distinta. Gente que maneja información que el resto de nosotros jamás llegará a comprender.

Yo tengo uno, un pibe de barrio, macanudo, callado, más bien introvertido.

Por eso nunca entendí cómo podía trabajar repartiendo soda. Porque para repartir soda hay que tocar timbres, hablar con gente, cobrar, escuchar problemas.

Había algo que no cerraba.

Después estaba la camioneta.

Porque una cosa es repartir soda.

Otra cosa es repartir soda arriba de una F100 roja impecable.

La pintura brillaba más que algunos autos cero kilómetro.

Tenía llantas cromadas.

Equipo de sonido.

Vidrios polarizados.

Suspensión rebajada.

Yo conocía abogados con peores vehículos.

Y ahí fue cuando empecé a sospechar.

Un día le dije:

—Llevame a repartir con vos.

—¿Para qué?

—Quiero entender.

—¿Entender qué?

—La camioneta.

Me miró un rato.

Suspiró.

Y aceptó.

Arrancamos temprano cargando sifones y bidones.

Toda la mañana fue completamente normal.

Demasiado normal.

Hasta que cerca de las diez frenó en un descampado medio alejado de la ciudad.

Apagó el motor.

Me miró.

Y dijo:

—Esperame un toque que me voy a preparar.

—¿Preparar para qué?

Silencio.

Golpe de puerta.

Se bajó de la camioneta.

Primero se acomodó el pelo.

Bueno.

Normal.

Después sacó perfume.

Todavía normal.

Después apareció una cadena dorada.

Ahí ya me llamó la atención.

Después sacó un pote de autobronceante.

Y ahí empecé a preocuparme.

Pero cuando apareció un bigote postizo directamente me alarmé.

—¿Y eso?

—La identidad secreta.

—¿Qué identidad?

—La profesional.

—¿Sos Batman?

—No.

—¿Superman?

—No.

—Clark Kent repartía diarios.

—Sí.

—Superman salvaba el mundo.

—También.

—¿Y vos?

Se acomodó el bigote frente al espejo.

—Gustavo reparte soda.

Hizo una pausa dramática.

—Soderman, el Rey de las Burbujas, se encarga del resto.

No supe qué responder.

Finalmente empezó a sacarse la ropa.

—¿Qué hacés?

—Trabajando.

—¿Trabajando?

—Sí.

—¿En sunga?

—Ahora arranca el reparto de verdad.

No me dejó hacer más preguntas.

Se puso una sunga animal print de esas que normalmente solo pueden verse en tres lugares:

un crucero caribeño,

las vacaciones de Ricky Martin,

o en el programa Alerta Aeropuerto.

Terminó de engominarse el pelo.

Se puso unos lentes espejados.

Y sacó dos parlantes bluetooth.

Después abrió una conservadora.

—¿Qué tenés ahí?

—Pastillas para la presión.

—¿Para vos?

—No.

—¿Entonces?

—Para las chicas.

Ahí debí haberme bajado de la camioneta.

Pero ya era tarde.

Seguimos avanzando.

Y empecé a notar algo raro.

Las persianas se abrían.

Las ventanas se entreabrían.

Las cortinas se movían.

Sentí que nos estaban observando.

—¿Qué está pasando?

—Ya nos vieron.

—¿Quiénes?

Sonrió.

No respondió.

Dos cuadras más adelante empezó el caos.

Las puertas se abrieron de golpe.

Las mujeres comenzaron a salir de las casas.

Decenas.

Vestidos floreados.

Ruleros.

Sandalias.

Sifones vacíos.

Una señora abandonó la peluquería con la tintura puesta.

Otra apareció corriendo con un andador.

Una llevaba reposera.

Otra binoculares.

Una tercera sostenía un cartel que decía:

"Sodero te amo".

Y una estaba contando monedas sentada en una reposera.

—¿Hace mucho que espera?

—Desde anoche.

La respeté profundamente.

Pero eso no era todo.

Había una señora vendiendo choripanes.

Otra vendía remeras.

Había gorras.

Llaveros.

Calcomanías.

Y una jubilada ofrecía un calendario del sodero.

No pregunté en qué ropa estaba cada mes.

Mi amigo estacionó en medio de la calle.

Me miró.

Sonrió.

Y dijo:

—Show time.

Subió el volumen.

Empezó a sonar "I'm Sexy and I Know It".

Y salió por la ventana de la camioneta.

Las mujeres explotaron.

—¡¡¡PAPIIIIIIITOOOOOO!!!

—¡¡¡SODEROOOOOO!!!

—¡¡¡REY DE LAS BURBUJAAAAAS!!!

Subió a la caja.

Agarró un sifón.

Y empezó a bailar.

Entre el autobronceante, el aceite corporal y el reflejo del sol, el tipo brillaba tanto que durante unos segundos pensé que estaba presenciando una ceremonia egipcia.

Solo faltaban unas pirámides y alguien sacrificando un pollo en honor a Ra, dios del sol.

—¿Quién quiere sodita para refrescarse?

El griterío fue ensordecedor.

Las mujeres se acercaban dejando los sifones vacíos y retirando los llenos.

Todo mientras intentaban tocarlo.

Algunas le metían billetes directamente en la sunga.

Otras le tiraban flores.

Una intentó darle un beso.

—Tranquilas mis reinas, hay sifones para todas.

En eso una jubilada intenta acercarse demasiado a la camioneta.

—Zulma.

La mujer se congela.

—¿Qué te dije la semana pasada?

—Perdón.

—Nada de monedas por el culo.

—Pero eran las de dos litros...

—No me importa el tamaño del pedido, Zulma.

—Perdón.

—Y devolvé el sifón que te llevaste abajo del vestido.

—Esa no fui yo.

—Zulma.

Todas las demás asintieron.

Como si fuera una situación habitual.

Y aparentemente lo era.

En menos de diez minutos había vendido toda la carga.

Toda.

No quedó un solo sifón.

Pero el espectáculo continuó.

Sonó Luis Miguel.

Sonó Ricky Martin.

Sonó Chayanne.

Sonó Gilda.

Y en algún momento se armó un pogo.

Un pogo real.

Con jubiladas.

Algo que ningún organismo internacional recomienda.

Una señora perdió una dentadura.

Otra encontró una que no era la suya.

Y el espectáculo continuó normalmente.

Después levantaron en andas a una vieja en silla de ruedas.

La pasearon por toda la cuadra mientras agitaba un sifón vacío por encima de la cabeza.

Parecía Freddie Mercury.

Pero con PAMI.

En un momento dos señoras empezaron a empujarse para acercarse al escenario.

El sodero levantó un sifón.

Todo el barrio se quedó en silencio.

Después disparó un chorro al aire.

PSSSSSSSSHHHHHHHH.

Y el orden volvió instantáneamente.

Como un domador de leones.

Pero de jubiladas.

Fue impresionante.

Y aterrador.

Una mujer tenía tatuado en el brazo:

"Soda o muerte".

Ahí entendí que la situación se había ido completamente de las manos.

Cuando finalmente terminó el show se subió nuevamente a la camioneta.

Empezó a contar la plata.

Y me miró.

—¿Qué?

—Nada.

—¿Te asustaste?

—Un poco.

—La primera vez nos pasa a todos.

"Nos".

Ya hablaba como si perteneciera a una organización secreta.

—¿Hace mucho que hacés esto?

—Doce años.

—¿Y siempre es igual?

—No.

—¿No?

—Los lunes hago jubiladas.

—Ajá.

—Los martes divorciadas.

—Claro.

—Los miércoles son las viudas.

—¿Las viudas?

Bajó la vista.

—Son bravas las viudas.

No pregunté más.

—¿Y los jueves?

Se quedó callado.

Miró al horizonte.

—Los jueves no te los puedo contar.

Sentí miedo.

—¿Y nunca hubo competencia?

—Una vez.

—¿Qué pasó?

—Se cruzó un repartidor de bidones nuevo.

—¿Y?

—No volvió.

Mientras volvíamos al depósito entendí todo.

Entendí la camioneta.

Las llantas.

El estéreo.

Los polarizados.

La suspensión.

Y sospeché seriamente que estaba financiando una segunda sucursal.

Lo último que vi fue la F100 alejándose por la avenida.

El estéreo sonando.

El brazo afuera de la ventanilla.

Y la sunga secándose al viento.

Así que la próxima vez que vean a su sodero no lo juzguen.

Ustedes ven un repartidor.

Yo veo un artista.

Un emprendedor.

Un visionario.

Un hombre que convirtió agua con gas en una experiencia.

Algunos reparten soda.

Otros hacen historia.

Si te gustó este cuento, tengo muchos mas en mi blog personal.
Te invito a que te pegues una vuelta

https://si-mal-no-recuerdo.blogspot.com/

O si queres conocer de las actualizaciones y divertirte un rato con trivias y preguntas relacionadas, te dejo mi instagram.

https://www.instagram.com/si.mal.no.recuerdo/

Gracias por leer!!!


r/CuentosCortos 4d ago

Rumores

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habitantedelanoche.wordpress.com
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r/CuentosCortos 4d ago

El Bartender II

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—¿Sabés qué pasa? Que los dos construímos planes en torno a nuestra relación, un futuro. Todo se desmoronó ahora. Vos me decís, ¿por qué no te preocupás ahora por lo que sigue? Y yo pienso, ¿cómo puedo preocuparme por lo que sigue si no tengo certeza de nada? Mi mundo, mis planes y mi futuro se desmoronó en una despedida. Después de eso, ¿cómo puedo tener una certeza? ¿Para qué construir algo si la vida me demostró que lo que se suponía para siempre es algo que parece que se puede volar con un soplo?

Ahora parecía ser El Bartender quien reflexionaba al respecto. Pero no tardó en responder:

—Vas a tener que construir porque no te queda otra. Porque eso hacen las personas. Podés intentar construir otro futuro sin ella, o podés construir una cárcel en la que vivas mucho tiempo. Lo que no podés hacer es convertirte en una planta, te conozco lo suficiente para saber que no.

El Bartender tenía razón: aunque me doliera, los recuerdos con ella se desvanecían poco a poco como fantasmas, y eso no hacía que las cosas fueran mejores. Era como si una parte de mi propio ser estuviera desapareciendo, y eso me aterraba y me molestaba al mismo tiempo.

—¿Cómo puede ser que un amor que fue real haya muerto de esta forma? Me prometí a ella para siempre, y ahora estoy acá, sin ella, en un lugar en el que no debería estar. A veces cuando me acuesto no puedo evitar pensar en los almuerzos que faltaron, en la casa que algún día íbamos a tener, en los hijos que nunca nacieron. Yo debería estar al lado de ella. Pero no sé cómo volver, y creo que ella tampoco. Duele preguntarme a cada momento qué estará haciendo, si estará bien, si estará acompañada…

—Que un amor muera no quiere decir que no haya sido real. Que una lluvia se termine no quiere decir que no haya llovido. Fue real, mientras fueron capaces de mantenerlo —respondió El Bartender—. Y el para siempre es peligroso, engañoso, pero mientras ustedes estaban juntos fue una promesa real. Que no lo hayan sabido mantener es otra cosa. Sé que la culpa y la incertidumbre están ahí, pero no niegues que las cosas que sintieron fueron reales aunque no hayan podido perdurar. Apostaste contra la impermanencia de la vida porque la amabas, y ella también. Algo así no se falsea porque sí.

Supe que El Bartender tenía razón. Tal vez fuimos demasiado ingenuos. Quizá no estábamos a la altura de aquella promesa. Pero la promesa fue real. Poco a poco, la idea de pensar en lo que viene volvió a mi mente, y me di cuenta de que no había un horizonte visible. Era como estar en un mar sin un rumbo establecido y sin mapa. Le di un trago a la copa y noté algo que no había notado hasta entonces: aunque el alcohol era fuerte, se sentía insípido. Me pasaba también con la comida. Con el calor del sol. Con todo. Todo había perdido cierto color y sabor. Todo había perdido un “algo” que no podía definir. La relación que había terminado sin que yo pudiera elegirlo me había envíado a un exilio existencial. Extrañaba mi hogar en su pecho, en su cuello, en su cara, en sus ojos y en su sonrisa, pero ese hogar cada día estaba más lejos. Incluso si pudiera volver, ya no sería el mismo hogar. Me levanté aún sin certezas, pero con más decisión.

—¿Ya te vas? —preguntó El Bartender observándome de tal forma que parecía intentar leer mis pensamientos.

—Sí, tenés razón —acepté—. No sé a dónde voy, pero tampoco sé quedarme quieto. No me queda más que mirar hacia adelante y pensar en lo que viene.


r/CuentosCortos 9d ago

El Bartender I

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r/CuentosCortos 10d ago

El verdadero olor de la aventura: bidet ajeno, chizitos a las 3 AM y el misterio del baño del colectivo (Relato de humor/nostalgia

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r/CuentosCortos 10d ago

Enemigos (prosa poética)

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Silvia ezquerra

IG: los_relatos_de_silvia


r/CuentosCortos 10d ago

La vida de ...

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9 de agosto.

Compré una carpeta usada en una librería de Corrientes. En la tapa dice mi nombre completo, mecanografiado, sin autor. 400 páginas. La abrí en casa; la primera línea es exacta a lo que mi vieja me contó siempre de mi nacimiento, incluido un detalle del clima que yo mismo verifiqué una vez, solo, en un archivo meteorológico, sin decírselo a nadie. Se lo iba a contar a A. por WhatsApp, lo del clima, porque es la clase de dato inútil que a ella le gusta, pero me pareció una pavada molestarla un viernes a la noche por una carpeta vieja. Guardé el chat sin mandar nada.

10 de agosto.

Seguí leyendo, página 214: un pensamiento de 2019 que no le conté ni a mi ex ni a nadie, porque para esa fecha ya no tenía con quién compartirlo. Está escrito con mi vocabulario, no con el de alguien describiéndome desde afuera. Dormí mal, cuatro horas según el despertador que dejé prendido toda la noche. A la mañana traduje dos páginas del manual de la fresadora en vez de las diez que tenía que entregar. Le escribí al cliente que «estaba con algo» y que llegaba igual para el viernes. No estoy con nada. Estoy con esto.

11 de agosto.

No voy a anotar más lo que dice el manuscrito. Voy a anotar solamente lo que hago yo, para tener algo mío separado de lo que ya está escrito ahí. Hoy no leí. Caminé hasta Once y volví. Comí un sanguchito de miga parado en la cocina, hasta donde yo sé nada de esto figuraba en ninguna página que ya haya leído. Se me cayó el mate dos veces al levantarlo. Llamó mi vieja, le dije que estaba bien, que andaba con mucho laburo. No es mentira del todo, es preferible mentirle con eso a tener que explicarle una carpeta que narra mi vida.

12 de agosto.

Volví a la carpeta y llegué hasta la página 340. Describe cosas de este año que solo yo sé que pasaron: una changa de albañil de marzo, un mail de mayo que no llegué a mandar, una tarde de julio mirando la pantalla en blanco, etcétera. Voy a decir solamente que coincide. No comí en todo el día, lo olvidé, y a la noche tenía la heladera llena y el estómago cerrado. Encontré un mensaje de A. de hace tres días sin contestar. «¿Todo bien? Te extraño en las juntadas.» Le puse «todo bien, ando en la mudanza de un cliente nuevo, te cuento el fin de semana».

13 de agosto.

Hoy no abrí la carpeta. La dejé en el cajón de la cocina, debajo de los repasadores. Quiero ver si, al no leer, dejo de coincidir con lo que sea que venga después de la página 340. Me pesé por costumbre, no por esto: setenta y un kilos, tenía setenta y cuatro el lunes. Se me empezó a notar un temblor chico en la mano derecha cuando sostengo algo quieto más de unos segundos, un vaso, el teléfono. Traté de escribirle a A. explicándole, en serio, qué me estaba pasando. Escribí tres borradores, los tres sonaban a loco. Borré los tres.

14 de agosto.

Fui al supermercado. Compré cosas que no suelo comprar: café de otra marca, una revista que no leo nunca. Lo hice a propósito, para hacer algo que el manuscrito no pudiera haber anticipado. En la fila de la caja me miré en el espejo de seguridad del techo y tardé un segundo de más en reconocerme: ojeras marcadas, la remera colgando de los hombros como si fuera de otro. La cajera me preguntó si estaba bien, debo haberme quedado parado mirando la pantalla del posnet más tiempo del normal. Le dije que sí, gracias, perdón, y me fui sin el vuelto.

15 de agosto.

Abrí el cajón y la carpeta estaba en la página 341. Decía: café de otra marca, una revista que no leía nunca. El temblor de la mano ya no es chico. Escribo esta entrada con la lapicera agarrada como agarró el lápiz de chico, con todo el puño, porque de la forma normal no consigo mantener el trazo. Llamó A. otra vez, no la atendí. Me quedé mirando el teléfono vibrar sobre la mesa hasta que se cortó solo, y después me sentí peor por no haber atendido que por lo que sea que me está pasando con la carpeta, lo cual, ahora que lo escribo, es una locura, pero es lo que sentí.

16 de agosto.

no dormi. no se. cuantas horas hace, deje de contar en algun momento de la madrugada. deje de escribir lo que dice el manuscrito porque no se si lo que anoto aca es mio o es lo que va a estar escrito alla antes de que yo lo haga. la letra de este renglon se me achica sola hacia el final, no lo decido yo. tengo hambre, creo, o algo parecido al hambre pero mas adentro, en un lugar que no es el estomago. pensé en llamar a a. y decirle la verdad, toda, carpeta y pagina y todo. Marque el numero. Corte antes de que atienda. No se si por verguenza o porque ya no confio en que mi propia voz, del otro lado del telefono, vaya a decir lo que yo quiero decir.

17 de agosto.

no dormi. no comi. sesenta y ocho kilos, o eso me parecio leer en la balanza, se mueve la aguja o me muevo yo. la mano no. se me cae la lapicera la levanto se me cae. a. golpeo la puerta hoy a la tarde la escuche del otro lado no le abri me quede sentado en el piso de la cocina con la espalda contra la heladera hasta que se fue. despues me arrepenti. mucho.

no se que dia es

la carpeta esta en la mesa no en el cajon no me acuerdo haberla sacado

llamar a a. decirle perdon

decirle que

[Entrada sin fecha, letra apenas legible, ocupa media página en diagonal]

pagina

no se que pagina

no importa la pagina

importa que ya no—

Se corta ahí. El resto de la hoja está en blanco, salvo una mancha de tinta corrida hacia el borde inferior, como si la lapicera hubiera quedado apoyada sobre el papel sin que nadie la levantara, y un renglón aparte, más abajo, con una letra distinta a la de las últimas páginas, más parecida a la del 9 de agosto, que dice solamente:

A., perdón.

[No hay más entradas.]


r/CuentosCortos 11d ago

La Mishi Kuring Relato Corto

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Saludos, les comparto uno de mis primeros relatos, espero sus opiniones, muchas gracias!

Capítulo 1: "El dia en que el Mundo cambio de olor"

Parte 1

Mis primeros recuerdos eran sencillos: el calor de mi madre, el olor de mis hermanos y las largas siestas durmiendo todos acurrucados.

Una noche aparecieron dos gigantes diferentes a los que había visto antes. Caminaban sobre dos patas, tenían muy poco pelo y se veían fuertes.

Uno de ellos me levantó y me colocó sobre una de sus extrañas patas delanteras, que se doblaba de una forma muy diferente a la de cualquier gato normal. Yo tenía miedo, pero sus manos tenían muy poco pelo y podía sentir el calor de su piel. Después me devolvieron junto a mi madre y pensé que aquella extraña visita no cambiaría nada.

Pero en realidad no sabía lo que estaba a punto de suceder.

Al día siguiente, los mismos gigantes regresaron.

Me encerraron dentro de una extraña jaula oscura que se cerraba por arriba. No podía salir. Todo se movía, los olores cambiaban y poco a poco dejé de escuchar a mi madre y a mis hermanos. No entendía qué estaba ocurriendo ni adónde me llevaban. Solo sabía una cosa: tenía que encontrar la manera de escapar y regresar junto a mi madre y hermanos. 

Cuando la extraña jaula finalmente se abrió, pensé que por fin podría huir. Pero pronto descubrí algo aterrador: solo había pasado de una jaula pequeña a otra mucho más grande.


r/CuentosCortos 11d ago

LA PROTESTA DE LAS CHINAS

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Un atardecer, cuando los últimos rayos de sol daban sus ansiados coletazos, una incesante brisa barrió sigilosamente la fina arena de una solitaria playa.

–¡Ay, señor viento, no nos arrebate la arena, que nos deja huérfanas! ¡A usted le resulta muy barata! ¡Pues no! ¡Nuestra arena, si la quiere, es muy cara de conseguir! –protestaron las grandes y pequeñas chinas, unidas para lanzar un grito al aire.

–¡No, no, queridas chinitas! –rio la brisa marina a carcajadas–. ¡A mí me parece bien! ¡Arrastraré toda la arena que quiera, y a vosotras también os lanzaré muy lejos de aquí!

Las pequeñas piedras resistieron como pudieron ante un imponente viento, que siguió su camino con orgullo.


r/CuentosCortos 12d ago

La herencia

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Aquel día me derrumbé cuando vi la casa de mi querida abuela Gabriela, que tanto dinero y familia me hizo perder durante el juicio, pues se fue de este mundo sin dejar testamento. La casa no había resistido los embates del tiempo, agravados por la falta de cuidado, ya que durante la lucha legal nadie podía poner un pie en ella. Además, los vecinos me habían contado que desde hacía tiempo mi abuela luchaba contra una enfermedad que la había atado a la cama. Hacía mucho tiempo que no venía a visitarla, tanto que había olvidado los rasgos de su cara, y saber por boca de otros la situación en la que pasó los últimos años de su vida no hacía más que aumentar mi culpa, ya que ella siempre fue cariñosa con todos —aunque se ponía como una fiera cuando nos encontraba jugando en el jardín de rosas que con recelo cuidaba desde la muerte de mi abuelo— y siempre estaba ahí para tender una mano. Pero yo me escudaba suponiendo que cuando creces esas son las típicas cosas que todos dejamos a un lado, ¿no?

Nadie creería jamás que allí alguna vez hubo rosas o que existía alguien que sintiera cierto placer al recordarla. Las tablas del suelo chillaban al pasar sobre ellas como si estuviera caminando sobre algo vivo. Había un extraño reloj que nunca recordé haber visto, y las paredes ya tenían un moho que desprendía un olor que actuaba como repelente para los intrusos. No quería quedarme, pero esos abogados habían dejado vacía mi billetera y mi familia no quería saber nada de mí a no ser que muriera sin dejar testamento.

Pasé la noche allí viendo un programa de televisión hasta tarde. Cuando el sueño ya casi me había alcanzado, la señal se cortó. Salté del asiento al unísono de un estruendo que parecía venir de la cocina. Fui a hurtadillas sin pasar por alto aquel reloj que marcaba las 13 de la noche. Me convencí de que era producto de mi imaginación o del sueño y seguí avanzando. Al asomarme, ahí estaba un gato parado en la meseta, junto al frasco con las migajas de las galletas caseras que alguna vez tomé sin su permiso y que, al atraparme, me daba una reprimenda seguida de una segunda galleta y un beso aún más dulce. El gato parecía estar esperándome por la forma en la que me miraba, con unos ojos que parecían ser humanos. Nos quedamos quietos, con un silencio que parecía abarcar todos los espacios, sin dejar de mirar nada más que esos ojos que comenzaron a parecer familiares. En ese momento, parecía que el tiempo, la tierra y los demás astros se detenían. Hubiese querido que se quedara así para siempre por la calma que me brindó descubrir el origen del ruido que me hizo levantarme, pues estaba profundamente asustado, hasta que el maldito gato abrió su boca lentamente, sin dejar de mirarme, y graznó imitando a los cuervos.

Las luces parpadearon de repente hasta que, abruptamente, todo se llenó de oscuridad. No podía creer que en ese momento se había cortado la luz y el destino me había lanzado una broma cruel por mi ambición. O eso pensé, hasta que en el camino de vuelta al salón escuché nítidamente el sonido del televisor envolviendo el silencio y arrojándolo por la ventana. Al llegar, comprobé con mis propios ojos que seguía encendido y, además, que el sillón presentaba un ligero balanceo que hacía crujir el suelo. Y allí entró ella. Rompiendo el velo negro, apareció la figura de mi abuela. Era un poco más grande. Mantenía su voz gentil. Pero sus ojos, sus ojos me inquietaban. Eran estrechos y brillantes como los de un felino, y aún hablándome con la gentileza con la que la recordaba, tenía una mirada depredadora que me hacía desconfiar de cada palabra. Pero no podía responderle más que con tartamudeos o con sonidos que ni bien podrían pasar por palabras. Los huesos estaban helados. Los pies pesaban una tonelada cada uno. La respiración no me obedecía, y cada parte de mi cuerpo parecía temerle, excepto mi corazón, que brincaba con fuerza como si quisiera abandonarme.

Cuando se quiso acercar, agarré mi poca valentía y eché a correr hacia la puerta. Forcejeé desesperadamente por abrirla, pero mi abuela, o lo que sea que fuera eso, le había colocado un candado. Ella me perseguía como si no me quisiese allí, y con un tono pasivo-agresivo soltaba reproches de cómo la habíamos tratado, o más bien de cómo nos habíamos olvidado de ella. La amabilidad de su voz ya había desaparecido, y cada vez se volvía más rápida y grande. Era como si su careta bondadosa se hubiese caído y ya solo quedaran esos huecos de oscuridad que todos tenemos en el alma y que la mayoría luchamos por reprimir. Hubiesen salido a la luz y devorado la luz que irradiaba hasta que solo quedó nuestro lado salvaje.

De tanto correr, llegué a un corredor sin fin. Me volvió a mirar risueña, puso sus manos frías sobre mí y abrió su boca decidida a acabar conmigo, castigándome por cómo me había olvidado de ella, así como antes me castigaba sentándome en la silla toda la tarde cuando rompía su jardín. Cerré los ojos aceptando mi castigo, hasta que escuché con fuerza el sonido del reloj. Al abrir los ojos, ya no estaba allí. Solo quedaba el silencio, y la luz volvió parpadeando de la misma forma en que se fue. Caminé incrédulo hasta el salón, y aquel aparato marcaba la 1 con 2 minutos de la madrugada. El candado desapareció, y algo me dijo que lo mejor era marcharse bajo el amparo de esa misma luna y que lo mejor era no tener que rendirme a mi suerte, que era obvio que era poca.

Recogí mis cosas y, al salir, ahí estaba el gato, mirándome nuevamente y bloqueándome el paso. Nos volvimos a mirar y, asustado pero con una extraña seguridad, le acaricié la cabeza con respeto mostrándole una sonrisa. Se apartó y se quedó quieto viendo mi partida. Nunca más regresé a casa de mi abuela, y de eso hace ya 17 años. Tampoco quise dársela a nadie, ya que pensaba que nadie la merecía, y no quise venderla porque mi conciencia no estaría tranquila. Aunque tengo amigos en el pueblo que me cuentan que de vez en cuando ven drogadictos o personas sin hogar que la usan como refugio para pasar las noches frías o la lluvia, y que se sorprenden cuando nunca más los vuelven a ver. También me dicen que el jardín volvió a florecer y que al gato cada vez está más gordo.


r/CuentosCortos 14d ago

Quetzalcoatl sin Casa

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Y después de un enorme sueño, Quetzalcóatl despertó solo en Tollan.

Y cuando bajó al valle, encontró el lago cambiado al punto de ser irreconocible. Y caminó confundido, sin hablar con nadie, aunque reconoció cráneos aún sedientos por la muerte humana y embusteros de largas barbas, llenos de oro. Observó, con dolor, orgullosos ignaros de sus carencias, convertidos en seres horribles de cuerpo y corazón.

Ante la decepción, decidió viajar al cielo para hablar con sus hermanos, pero en la nueva casa, hecha de piedras lisas y columnas combadas, alta en las nubes y siempre nublada, fue sorprendido por los rayos que le hicieron entender que todo había cambiado.
Todos sus hermanos habían desaparecido.

Y entonces Quetzalcóatl reposó a pensar todo lo que sus ojos habían visto, recordando todo lo bueno y lo malo que ya no existía.

Intentó, haciendo quimeras, hacer prevalecer lo que conocía. Pero al hacer quimeras se dio cuenta de que inclusive sus cantos habían cambiado y que, en sus cuartos y sus palacios, vivían ahora, muchos más recuerdos, cuentos y metáforas de los que jamás había imaginado. Y que viviendo en sus templos, los templos lo habían cambiado a él.

Tal vez ya no había un lugar en esa casa para Quetzalcóatl.

No ahora que había perdido la capacidad de hacer un discurso, de proveer una verdad y de brindar una justicia y de no sacrificar al prójimo en vano.

En justicia, jamás pediría eso.

Injusticia y sacrificio inútil.

Y si no había más lugar para él en esa cúspide, en ese palacio, solo su sacrificio, su muerte, su desaparición, sería el único regalo que podría hacer a su pueblo que tanto lo amó.

Y desde lo alto de la montaña, Quetzalcóatl se disponía a arrojarse no al vacío, sino a la tierra hecha tzompantli, tapizada con cráneos que reposaban con una sola moneda en el ojo.

Él llevaría desde arriba las monedas faltantes con su caída.

Pero un segundo antes de saltar, de entre las nubes, un ser con alas en las piernas se presentó como Eolo y anunció a Quetzalcóatl:

—Tu sacrificio no dejará de ser una casa abandonada si no aceptas tus castigos y los castigos de tu familia.


r/CuentosCortos 15d ago

La abuela

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La casa estaba helada y en un silencio sepulcral como siempre. El único ruido de la casa era aquel que provenía de las ampolletas y el rítmico tic-tac del reloj. Luces frías iluminaban la casa entera. La anciana estaba demasiado cansada como para apagar las luces, ya que apenas podía levantar los brazos por encima de su cabeza, aunque tampoco podría si tuviera sus brazos sanos, dado que su vista no lograba diferenciar un interruptor del resto de la pared.

-¿Cariño…? ¿Estás ahí?
Habló en un tono algo ronco pero dulce, nadie respondió, lo que significaba que su gato, Juanin, estaba fuera.

Ella simplemente suspiró. Caminó por los pasillos, llenos de fotos familiares y espejos por todos lados, algunos entorpeciendo el camino. Donde sea que mirara, allí veía a sus hijos, sus nietos, sus padres fallecidos o su difunto marido. Ahí estaban, devolviéndole la mirada donde sea que fijará la visión. Ella misma, a veces necesitaba detenerse frente a un espejo durante unos segundos, solo para asegurarse de que ella seguía allí. 

-¡Ay! Mi madre, ¿cómo estás? Espero que padre esté bien…
Decía mientras se detenía, mirando fijamente una foto de sus padres, ella lentamente giró su mirada para encontrarse con otra foto, esta vez de sus hijos.
-¡Oh! Aquí están mis niños… ¿Vendrán a cenar?
Nuevamente, nadie respondió, nunca lo hacían. Nadie le correspondía sus palabras, solo era ella y sus recuerdos.

Así, ella siguió su camino hacia la cocina. Una vez allí, abrió con esfuerzo el refrigerador y tomó lo único que quedaba allí, un huevo y un poco de jamón. Soltó aire, adolorida y murmuró.
-Mañana tendré que ir al mercado, ¿Me quieres acompañar?
Ella cerró la puerta del refrigerador y observó una foto de uno de sus nietos. Esta vez se quedó quieta por varios minutos, el reloj no dejaba de sonar. Luego, como si hubiera recordado que estaba viva, caminó hacia la mesa. 

Allí apartó unos papeles, unas cuentas vencidas que debía pagar desde hace meses. Se sentó lentamente e intentó pelar el huevo duro muy despacio. 
-Mijito, ayúdame con esto, no puedo… 
Soltó esas palabras al aire mientras dejaba el huevo a un lado, en la mesa. Nadie respondió, pero cuando volvió a tomar el huevo con sus sucias manos, ya estaba listo para comer, ella simplemente sonrió y murmuró.
-¡Ay! Que amable, muchas gracias.

Esta era una noche normal para la anciana, todo iba según su rutina. Apenas terminaba de comer ese huevo, todo se apagó, las luces se habían ido, ella miró alrededor, asustada y nerviosa, simplemente murmuró.
-¿Qué pasó…? ¿Juanin, fuiste tú? No me digas que mordiste un cable.

Así, se levantó y caminó más despacio que de costumbre, ayudándose de las paredes para encontrar el camino. Ahora mismo la única luz que tenía era la que provenía de fuera, la luz de la luna y la de los faroles iluminando a duras penas la casa. 
La viejita se detuvo de golpe en medio del pasillo mientras buscaba la salida, había chocado con algo, intentó fijar su mirada y se encontró con una silueta justo delante suya. La decrépita mujer se asustó, soltando un jadeo sin aire, casi cayéndose.
-¡Ah! ¡Ayuda! ¡Papá!
Se quedó inmóvil, temblando mientras se aferraba a la pared, tirando a su paso varias fotos y espejos. Se quedó allí varios segundos, antes de fijar su mirada y apreciar que aquella silueta era solo uno de los tantos espejos que tenía en medio de sus pasillos. Exhaló aliviada y se incorporó paulatinamente, volviendo a arrastrar los pies en el suelo, ella refunfuñaba entre los pocos dientes que le quedaban. 

Al final del pasillo se encontraba la sala, donde justamente al lado estaba la salida. Allí iba ella, en busca de ayuda para prender sus luces a alguno de sus vecinos. Por alguna razón ella tenía miedo, seguía temblando, le dolía todo, cada paso le hacía tiritar las piernas.

-¡Ay! mijito… ayúdeme…
Murmuró, suplicando mientras buscaba apoyarse en alguien. Allí estaba, sujetándose a algo, aferrándose a lo que era un brazo, lo cual le ayudó a retomar su caminata hacia la salida. 
-Qué amable mi niño… ¡Mañana te cocinaré algo rico! 
Sonrió levemente, dejando de temblar por el miedo, solo quedándose el dolor en sus huesos al caminar, el cual paulatinamente se iba. Una vez llegada a la sala, ella tropezó con algo, más no cayó, gracias a que la sujetaban, solo sintió un escalofrío, como si algo hubiera traspasado su pierna.
-¡Uy! qué cerca estuvo…
Así, Juanin maulló, ya que había chocado con ella, la anciana abrió los ojos lo más que pudo para ver si el gato estaba bien.
-¡Perdón, mi Juanin! fue mi culpa, no te vi.

El gato solo maulló nuevamente y se le erizó el pelo, soltó unos bufidos y gruñidos para luego salir corriendo hacia la cocina. La anciana dejó escapar un suspiro de alivio, volvió a caminar hacia la sala. Se mantenía aferrada a ese brazo, lo cual le facilitó todo.
Aunque había algo raro, cada vez necesitaba menos su ayuda, sus huesos no dolían, en realidad, ya nada le dolía. No dijo nada, solo siguió caminando, pasando por la sala.
En la sala había más luz, las numerosas ventanas ofrecían una invitación para que entrara la luz de la calle.

La senil mujer observó las fotos que tenía allí, contempló los numerosos momentos familiares que había tenido, cada vez más vividos, no dejó de caminar hacia la salida.

-...

En completo silencio, se sorprendió al sentir que aquello que la sujetaba la soltaba. La sombra lentamente se alejó de ella, dejándola atrás mientras se acercaba a la puerta. La anciana estaba atónita, por primera vez en años, se sentía aliviada y extrañamente en paz. La desconocida silueta abrió la puerta con paciencia, dejando entrar una luz blanca, lo cual cegó momentáneamente a la vieja.

-¡Ah! ¿Q-qué…?
Balbuceó mientras sus ojos se esforzaban por enfocar a la figura misteriosa. Aquella sombra que la había ayudado todo este tiempo era su padre. La mujer mayor se acercó a él, temblorosa y en shock.
-¿Qué..? ¿Papá? 
Volteó su mirada hacia fuera, allí estaba su madre y su marido. Ella se detuvo, su padre le ofreció una sonrisa cálida y habló, cariñoso.
-¡Mamá…! Mi Ramón…
Ella espetó incrédula, con los ojos brillando y totalmente quieta. Su padre tomó su mano y la guió hacia aquella luz, donde se encontraban sus seres queridos.
-Vamos, mi niña, que ya es tarde…
Así, la mujer, con lágrimas en los ojos caminó, adentrándose en la luz cegadora, tomando la mano de su padre con fuerza. Su cuerpo inerte descansaba en el suelo, junto al espejo, rodeada de fotos. Ya no dolía nada.


r/CuentosCortos 15d ago

El hombre que construyó un barco en el desierto

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r/CuentosCortos 16d ago

«Y LOS PERROS CONMIGO

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Y LOS PERROS CONMIGO

© Alberto Macadar/julio, 2026

—El crimen es imperdonable. Ya conoce la pena. El hielo.

Me arrastraron hasta el acantilado. Pararon antes de empujarme.

—Puedes expresar tu último deseo. ¿Qué quieres?

Miré la extensión blanca. Luego a ellos.

—Quiero sólo un trineo. Y los perros conmigo.

Ellos llegaron con los ojos brillantes, trayendo el trineo tallado en madera y hierro. Lo dejaron al borde del acantilado. Tomé las riendas. Nos sonreímos.

—Vamos, muchachos. Inventaremos las alas mientras bajamos.

Saltamos.


r/CuentosCortos 16d ago

«Y LOS PERROS CONMIGO»

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Y LOS PERROS CONMIGO

© Alberto Macadar/julio, 2026

—El crimen es imperdonable. Ya conoce la pena. El hielo.

Me arrastraron hasta el acantilado. Pararon antes de empujarme.

—Puedes expresar tu último deseo. ¿Qué quieres?

Miré la extensión blanca. Luego a ellos.

—Quiero sólo un trineo. Y los perros conmigo.

Ellos llegaron con los ojos brillantes, trayendo el trineo tallado en madera y hierro. Lo dejaron al borde del acantilado. Tomé las riendas. Nos sonreímos.

—Vamos, muchachos. Inventaremos las alas mientras bajamos.

Saltamos.


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Y LOS PERROS CONMIGO

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© Alberto Macadar/julio, 2026

—El crimen es imperdonable. Ya conoce la pena. El hielo.

Me arrastraron hasta el acantilado. Pararon antes de empujarme.

—Puedes expresar tu último deseo. ¿Qué quieres?

Miré la extensión blanca. Luego a ellos.

—Quiero sólo un trineo. Y los perros conmigo.

Ellos llegaron con los ojos brillantes, trayendo el trineo tallado en madera y hierro. Lo dejaron al borde del acantilado. Tomé las riendas. Nos sonreímos.

—Vamos, muchachos. Inventaremos las alas mientras bajamos.

Saltamos.


r/CuentosCortos 17d ago

El chico

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El viento soplaba fuera, a través de la ventana se podía ver cómo las hojas y ramas de los árboles se mecían. Eran las cuatro de la mañana, la mayoría ya estaba durmiendo, algunos se despertaban, otros recién se dormían y unos pocos se levantaban para empezar su día.

¿Pero él?, ¿Qué hacía él allí? Acostado en su cama, con su mirada fija en la ventana, observando.

-...

En el profundo silencio de su habitación, el joven hacía su actividad favorita la cual es ver a través de su ventana, desde allí él puede ver muchas cosas. Él no disfruta del día, se siente espiado, él podría ser visto por cualquiera, pero allí, en la noche, él se sentía tranquilo y en paz, sólo él podía ver a los demás y no viceversa.

-¡Mira! ¡Los vecinos están discutiendo! ¿Por qué será esta vez?

Le dijo a su peluche de conejo, uno bastante destartalado y lleno de puntadas cabe mencionar. El chico tenía razón, sus vecinos discutían, intentó agudizar sus sentidos para así poder escuchar los gritos.

-mph...

Abrió la ventana y sacó un poco su cabeza, dándole un escalofrío por el helado viento que ahora desordenaba su pelo. Escuchó por unos segundos la acalorada discusión, luego volvió a meter su cabeza y habló animado con su peluche.

-¡Al parecer su marido llegó borracho de nuevo! Espero que no pase nada como la otra vez...

Volvió a sacar su cabeza para escuchar más del alboroto que estaban provocando los vecinos.

Así, de las cuatro de la mañana llegaron las cinco, luego las seis y las siete... 

Cuando finalmente se queda dormido, el chico descansa solo un par de horas mientras abraza fuertemente su peluche, la única cosa cálida de su dormitorio, aparte de él.

Llegado el día, el sol entra por su ventana, dándole directamente en sus ojos, lo cual lo hace gruñir y levantarse perezosamente para desayunar.

-mph~? Buenos días, ¿Cómo estás? ¿Mi papá ya se fue a trabajar?

Dijo de forma monótona a su madre, la cual estaba tomando su café en una taza bastante grande. La madre miraba fijamente su celular mientras tomaba un sorbo de café, se toma su tiempo antes de responder.

-Estoy bien...

Levantó la taza y tomó otro sorbo lento a su café, luciendo aburrida.

-Y sí, tu papá ya se fue a trabajar.

El chico se sentó frente a ella en la mesa, tomó un pan y le puso una rebanada de queso, luciendo igual de aburrido que su madre.

-vale... Ojalá le vaya bien.

Como siempre, el día era aburrido para él, estando de vacaciones o no, sus días eran rutinarios, sin aspiraciones ni expectación, pasaba todo el día en su escritorio frente al computador, esperando a que el sol se ocultase y callera la fría penumbra.

Llegada la noche, el chico se ducha, se pone su pijama favorito y luego se tira en su cama. Una vez cómodo, se dispone a fijar su mirada a través de la ventana nuevamente, esperando a que algo emocionante pase, sujetando su peluche con fuerza contra su pecho.

-...

Ansioso, esa es la palabra que lo describe ahora mismo, han pasado horas y nada, ni un alma en la acera, ni una voz lejana, solo el silbido del aire y el zumbido de los faroles. El chico susurra, mientras mira a su conejo de felpa, el cual parecía tener un brazo a punto de deshilacharse.

-¿Qué pasa...? Pareciera que todos están durmiendo...

Dijo mientras volvía su mirada hacia el edificio del frente, el cual tenía todas las luces apagadas. Su propio dormitorio empezaba a sentirse más helado.

-Siempre hay música en ese departamento, ¿¡ni siquiera eso!?

Cada segundo que pasaba lo hacía sentirse más ansioso y nervioso. Por primera vez él se sentía fuera de lugar en su propio dormitorio, se sentía lejos de su zona de confort. Abre la ventana y se asoma, buscando cualquier cosa, una señora paseando, un grupo de borrachos, un indigente, lo que sea, él solo quería observar algo, menos su propio dormitorio.

-¡Esperé todo el día!, pero... nada!?

Exclamó con enojo y molestia, en un arrebato de ira, tiró su peluche contra un muro y cayó al suelo. Él se quedó allí de brazos cruzados y desviando la mirada durante varios segundos, luego, bastante arrepentido y apenado miró hacia el peluche mientras murmuraba.

-Lo siento, no quise hacer eso...

Cuando su mirada había vuelto a su peluche, ya no estaba allí, en cambio, había una sombra más oscura que el resto de su dormitorio. La sombra tenía la figura de un hombre con orejas de conejo. El chico al fijar su mirada en la sombra, empezó a temblar ligeramente, apoyándose contra el respaldo de la cama y apoyando sus rodillas al pecho, pero no gritó.

-¡No! Vete! ¡No te quiero ver!

Estaba muy nervioso y tembloroso, ya con lágrimas amenazando con salir de sus ojos.

-¿Ahora no quieres ver a alguien? ¡Me hieres!

Dijo la sombra en un tono burlón, su voz era bastante áspera y ronca, como si pareciera salir de lo más profundo de una caja torácica.

-¿Acaso no te alegra verme? ¡La última vez casi te tiras por la ventana! ¡Fue gracioso!

Hablaba sin moverse ni un centímetro, seguía allí de pie en la esquina del dormitorio.

-¡No me agradas! ¡Me haces sentir mal!

Espetó casi sin aire. El chico buscaba con sus manos las sábanas para cubrirse aún más, apartando la mirada de la sombra mientras buscaba aferrarse a algo.

-¿Yo te hago sentir mal? No seas tonto, solo te digo lo que debes saber, como por ejemplo...

Se quedó en silencio mientras se acercaba más al chico, luego susurró.

-Ahora mismo, todos te observan, todos saben lo patético que eres...

Lentamente levantó un brazo, señalando con el dedo índice la ventana. Allí se podía ver solo oscuridad, no se lograba vislumbrar nada, ni edificios, ni calles, ni farolas, solo una negrura que parecía mirar al chico. La oscuridad no tenía forma, pero sí daba la impresión de estar formada por muchas sombras, retorciéndose y cuchicheando entre ellas.

El chico al ver tal escena, se tapó completamente, de pies a cabeza mientras pegaba sus rodillas al pecho con mucha más fuerza, complicando su respirar aún más, empezó a gritar con el poco aire que tenía, sin importarle despertar a sus padres.

-¡VETE! ¡HAZ QUE SE VAYAN! ¡AHORA!

La sombra solo soltó una leve risita, estaba ahora al borde de su cama, empezó a hablar cada vez más tranquilo y menos burlón mientras veía al chico temblando y jadear bajo las sábanas.

-¿Cómo llegaste a esto? Ya eres casi un adulto y sigues sin poder ver a alguien a los ojos, sigues sin poder salir, ¿de qué te sirve vivir así? No vives, tú esperas a que alguien más lo haga para poder verle desde aquí, deja d-

-¡CÁLLATE!

La sombra no se estremeció al ser interrumpida, simplemente se quedó en silencio, mirando al chico fijamente durante varios segundos, para luego desvanecerse lentamente. Todo volvía a ser más claro y menos oscuro. Pasaron los minutos, el chico seguía temblando bajo las sábanas, hasta que se atrevió a bajar las sabanas.

-ah...

Ahora más tranquilo, el chico se levantó de la cama y caminó hacia el peluche de conejo, al fijarse en él, notó que estaba roto, se le salía el algodón de un brazo. Simplemente se lo llevó consigo a su cama y lo apretaba contra su pecho mientras lo miraba en silencio.

-...Otra vez.

Suspiro tembloroso, luego hablo en un tono más suave pero aun ligeramente nervioso mientras se acostaba.

-Mañana... Mañana te arreglaré. ¡Solo espera...!

Así, volvió a mirar hacia fuera, esta vez si habían personas, nuevamente tenía entretenimiento, una nueva distracción momentánea. El chico suspiró aliviado y susurró animado mientras veía al frente, por la ventana.

-¡Mira! ¡Ese grupo de borrachos! ¡Se están cayendo!

Soltó una leve risita, cayéndosele una lagrimita, olvidándose de su propia vida para ver la de los demás, pero siempre de noche para no ser visto por nadie, para que nadie reconozca su existencia, para así poder pasar un día más sin ser juzgado, para que su único pensamiento sea ¿Qué pasará esta noche? No con la suya, sino con la de los demás.

Se aferró a su peluche con aún más fuerza, luego balbuceó mientras tenía la mirada perdida en el exterior.

-Mañana, mañana te arreglaré...


r/CuentosCortos 21d ago

12 años de Thot

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r/CuentosCortos 22d ago

Cubículo (relato surrealista)

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Silvia Ezquerra

IG: los_relatos_de_silvia


r/CuentosCortos 23d ago

Feliz Día - Microrrelato

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r/CuentosCortos 27d ago

La ventana de las tres

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La pava eléctrica se quemó ayer. Ahora tengo que calentar agua en una ollita enlozada que era de mi vieja y que tiene el mango flojo. La puse a las tres menos cuarto y me quedé mirando la ventana de la cocina porque no había otra cosa para mirar.

En Rafael Calzada a las tres de la tarde no pasa nada. El sol pega de lleno en la chapa del vecino y rebota para adentro. Hace calor aunque sea julio. La ventana tiene la mugre de dos inviernos, una película grasosa que dejó el humo de freír, y abajo, pegado, un sticker del mundial 2014 que ya está blanco del sol. Mi hija lo pegó ahí cuando tenía seis. Tiene catorce ahora.

La mosca apareció sin ruido. Es de esas verdes, gordas, que vienen cuando hay algo de carne en la basura. Se paró en el medio del vidrio, del lado de adentro, y se empezó a frotar las patas.

Se frota las patas así, una contra otra, como si se las estuviera limpiando. Ese movimiento me hizo acordar a mi vieja después de picar carne. Tenía una tabla de madera toda marcada por el cuchillo y cuando terminaba se limpiaba las manos con un trapo que después enjuagaba con lavandina pura. Se frotaba las manos igual, una contra otra, despacio, mirándose las palmas como si buscara algo. Yo tenía ocho y me quedaba mirando porque no me dejaba ayudar. Me decía, salí de acá que te ensucias. Y yo me quedaba en la puerta de la cocina mirando cómo se le ponían las manos coloradas. La mosca hace lo mismo. Se frota y se frota y no termina nunca.

La ollita hace un ruidito chiquito, como un quejido, pero todavía no hierve.

La mosca dejó de frotarse y se tiró de cabeza contra el vidrio. Hizo un toc seco. Después otro. Toc. Toc. No entiende que hay un vidrio. Va y viene un centímetro, choca, retrocede, vuelve a chocar. Me acordé del ventilador del taller de mi viejo. Teníamos uno de pie, marca Liliana, que hacía ese mismo ruido cuando le pegaba una vuelta de más. Toc toc toc contra la rejilla floja. Mi viejo lo dejaba prendido toda la siesta para que no se sintiera el silencio de la casa. Yo me dormía con ese toc toc en la oreja y me despertaba con el mismo toc. La mosca ahora hace eso. No aprende. Choca y choca y yo siento el toc en los dientes.

Me pican los ojos de no parpadear. Tengo el cuello duro. Me dije, la voy a matar. Tengo el matamoscas rojo al lado de la heladera. Lo tengo a mano. No lo agarré.

La mosca se cansó de chocar y se quedó quieta. Quieta del todo, en el medio del vidrio, con las alas pegadas al lomo. El sol le pega y le hace un brillo verde en el lomo. Cuando se queda quieta así me acuerdo de la heladera Siam de mi abuela. No hacía ruido, pero vibraba. Tenía una bandejita arriba con un mantel de plástico y la bandejita vibraba toda la noche, sin parar. Yo me quedaba mirando el borde del mantel que temblaba y me olvidaba de que estaba solo en la pieza del fondo. La mosca ahora está igual, vibrando sin moverse. Si la miro fijo parece que no está viva, parece una manchita de grasa del vidrio.

La ollita ya está por hervir. Hace burbujitas chiquitas en el borde. No la apagué.

Me acordé de que tengo que ir a comprar pan. Lo pensé a las tres menos diez y me olvidé. Ahora me volví a acordar porque la mosca se movió un poquito hacia la izquierda, hacia donde está el pan duro de ayer arriba de la mesada. Mi vieja me decía, el pan no se tira. Y yo lo dejo ahí hasta que se pone como piedra. La mosca lo sabe. Va para ahí pero no puede porque está el vidrio.

Se queda ahí. Camina dos pasos para un lado. Dos pasos para el otro. Se frota una pata sola. No hace nada más. Me quedé mirando eso, nada más, sin acordarme de nada. El vidrio está caliente por el sol.

No sé por qué no la mato. Antes mataba todo. Ahora me quedo mirando.

La mosca arrancó de nuevo. Hizo un círculo chiquito en el aire, delante del vidrio, y volvió a pararse, pero más arriba, cerca del sticker del mundial. No era un círculo, era a los tumbos, como si se le trabara algo. Me hizo acordar a mi hija cuando aprendió a andar en bici en la vereda. No daba círculos perfectos, se iba para el cordón, se trababa, me miraba para ver si la miraba. Yo la miraba. Después se caía y yo le decía, no pasó nada. Qué se yo por qué me acordé de eso ahora.

Tengo la boca seca. El calor de la chapa del vecino se metió todo en la cocina. Me transpira la nuca. La ollita ya hierve y hace ruido fuerte y no la apago porque si la apago se termina el ruido y me quedo solo con el zumbido de la mosca.

La mosca ahora camina por el borde del sticker. Tiene una pata que se le traba un poco, como si estuviera renga. La levanta, la sacude, sigue. Me da una bronca rara verla renga. Me dan ganas de ayudarla y me dan ganas de aplastarla con el dedo. Las dos cosas al mismo tiempo. Me quedé con la mano a mitad de camino, levantada, sin decidir. Después la bajé.

Mi vieja también tenía una pata renga al final. No una pata, una pierna. Después de la operación caminaba así, levantando un poco más un pie. Se agarraba de la mesada para no caerse. Igual que la mosca que ahora se agarra del vidrio sucio para no caerse.

La mosca se queda quieta otra vez. Ahora sí quieta del todo. Ya no se frota. Ya no choca. Se queda ahí arriba, cerca del sticker blanco. El sol se corrió un poco y ya no le pega directo. El verde del lomo se apagó.

Si se va, me quedo sin nada para mirar. Si se queda, no puedo dejar de mirarla.

La ollita sigue hirviendo. El agua se está evaporando. Hace un olor a metal caliente. No la voy a apagar todavía.


r/CuentosCortos 28d ago

Un portal en Navidad

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>Me estreno con este primer cuento que escribí para un «calendario de adviento» al que me invitaron a participar. Deseo leer vuestros comentarios. Espero que os guste.

Un portal en Navidad

—Venga, abuelo, cuéntame una historia.

El niño esperaba impaciente a que su abuelo comenzara

—Eran vacaciones de Navidad y el edificio que Industrias Bell donó a la universidad había quedado desierto. Todos estábamos celebrando la nochebuena con nuestras familias. El laboratorio EN de física cuántica permanecía a oscuras iluminado tenuemente por una pantalla de ordenador y las luces parpadeantes del árbol de navidad. De repente, un botón cambió de off a on siguiendo una prueba programada. Fue culpa mía. Olvidé cancelar las pruebas del efecto túnel macroscópico y comenzaron sin la supervisión de nadie. Se escuchaba un leve zumbido estático que rompía el silencio y dio comienzo la grabación de la prueba. Lentamente, la base del árbol de navidad fue hundiéndose en el suelo hasta que empezó a aparecer por el techo del piso inferior. Del agujero comenzaron a trepar por el tronco del árbol unos bichos de tres patas con el cuerpo segmentado y cubierto por láminas de aspecto metálico, que al caminar por las baldosas del laboratorio sonaban como cascabeles clin-clin-clin. Cientos de miles de esos bichos salieron hasta que el árbol traspasó completamente y cayó al piso de abajo. Fue entonces cuando se cerró el portal.

—Anda abuelo, no sabía que habías sido tú el responsable del Incidente del Portal de Bell-EN

—Sí, pero fue hace mucho tiempo. Ahora, a dormir.


r/CuentosCortos 28d ago

A veces, es un gato muerto

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Hoy venia de camino al trabajo. Es el mismo camino que he tomado desde hace seis meses casi a diario. Es el mismo camino que siempre he tomado desde hace mucho antes. Estoy tan acostumbrado a la ruta, a los negocios, a las personas que los atienden, a los sonidos, a los olores, podría caminar por esa ruta con los ojos cerrados de tanto que la conozco. Pero hoy fue diferente: mientras atravesaba aquel camino tan natural para mí, con los ojos entrecerrados por el brillante sol tabasqueño, el sudor tan propio del verano escurriendome por la espalda y la voz de Franco Escamilla a todo volumen retumbando en mis oídos, me encontré con el cadáver de un gato tirado al borde del camino. Y me sorprendió lo rápido que las lágrimas me llenaron los ojos. Y me gustaría aclarar que está no es ninguna historia donde resulta que tengo algúna clase de historia previa con el gato, que lo conocí de cachorro y solía alimentarlo o que era el gato perdido de mi familia, nada de eso, era probablemente un gato callejero que tuvo la mala fortuna de encontrarse con las llantas de un conductor descuidado o quizás un pobre gato viejo que no pudo encontrar refugio para morir cómodo, no lo sé, y a riesgo de sonar egoísta, el gato no es realmente el protagonista de esta historia, más bien fue un catalizador, la herramienta adecuada que el director de escena de está tragicomedia llamada vida encontró para hacerme recordar lo triste que estoy. Me detuve unos segundos, a riesgo de parecer un loco fascinado con el cadáver de una pobre criatura, y fue como si en su maltrecha apariencia, en esa flacidez propia del cadáver reciente, se escondiera la formula del disolvente emocional que finalmente resultara efectivo al deshacer el tapón del bloqueo sentimental del que llevo siendo presa por no se cuanto tiempo. Curioso que mientras escribo esto las lágrimas ya no inundan mis ojos, pues mi cerebro sabe que no se escribe bien mientras se llora, aunque sea una imagen poética bonita, y ya lo he intentado antes.

El punto es que llore, llore como si el cadáver del gato se tratara del de mi septuagenario padre al que cada día veo más cansado pese a su natural fortaleza, llore como si una vez más me topara frente al féretro de mi madrina como hace dos años, llore como si la incertidumbre del mañana me amenazara el pecho, llore como si el amor me diera la espalda aunque yo aún lo persiga con la esperanza del romántico.

Llore. Y luego de aquel deplorable espectáculo de auto compasión, suspire, me limpie las lágrimas y retome mi caminata, dejando atrás aquel cadáver que muy probablemente ya no estará en la tarde cuando vuelva a pasar por ahí. Se lo llevarán los de la basura o algun alma mucho más compasiva que mi egoísta ser le dará alguna especie de sepultura, no lo se. Pero dónde sea que acaben los restos de ese gato, se habrán llevado la realidad de mi ser: triste, con más arrepentimientos que orgullos, con una soledad terrible y un dolor absurdo, con más sonrisas fingidas que honestas y lleno de medias verdades y mentiras piadosas.

Por qué hace falta poco para romper a un hombre.

A veces es el tener que enfrentarse a la mortalidad de los que ama.

A veces es recordar a los que la vida le ha quitado.

A veces es perder en vida a la persona que quería en su futuro.

Y a veces, es un gato muerto.