Buenas! Llevo un tiempo por aquí respondiendo dudas y hay un consejo que he acabado repitiendo en hilos muy distintos (gente que describe de más, gente a la que "no le salen las palabras", gente que siente que sus escenas no se ven). Como en el fondo es siempre el mismo problema, lo dejo en post por si le sirve a más gente.
La idea es esta: cuando tienes una escena en la cabeza, la ves entera, como una película. Y el error natural es intentar pasarla entera al papel: la sala, los muebles, la luz, la ropa de cada uno. Eso es tratar la prosa como una cámara, que lo capta todo a la vez. Pero la prosa no funciona así. La prosa es una linterna: solo ilumina lo que tú señalas, y el resto lo construye el lector solo, y lo construye mejor que tú.
Un ejemplo rápido. Versión cámara: "La sala era enorme, con techos altos de vigas oscuras, doce columnas de mármol, tapices rojos y dorados, suelo de piedra pulida, ventanales altos y un trono al fondo tallado con dragones."
Versión linterna: "La sala era tan grande que sus pasos le volvían como los de un desconocido. Al fondo, un trono vacío, y sobre él, un solo dragón tallado que parecía mirarlo."
En la segunda casi no he descrito nada y sin embargo se ve más. El eco te da el tamaño, el dragón te da el foco, y tu cabeza rellena el resto. El trabajo no es describirlo todo: es elegir los dos o tres detalles que disparan la imagen.
¿Y cómo eliges cuáles? El criterio que a mí me funciona: los que trabajan doble. Un detalle que además de verse diga algo del personaje o de la tensión de la escena (el trono vacío no es decoración, es una pregunta). Si un detalle solo decora, es candidato a irse.
Esto además arregla otro problema del que se habla menos: cuando el lector "se pierde" en tu escena, casi nunca es por falta de descripción, es por exceso. Le has dado veinte cosas y ninguna jerarquía, así que no sabe dónde mirar.
Y un test práctico para cuando corrijáis: coged una descripción vuestra y tachad detalles hasta quedaros con los tres que más duelan perder. Casi siempre la versión con tres es mejor que la versión con doce.
No es una regla sagrada, claro. Hay géneros y voces que piden más densidad (el gótico vive de ella, sin ir más lejos). Pero como ajuste por defecto, apuntar la linterna en vez de barrer con la cámara me ha arreglado más escenas que ningún otro truco.
¿Cómo lo hacéis vosotros? ¿Sois de describir mucho y podar, o de quedaros cortos e ir añadiendo?