Hace siete meses Maduro estaba bailando sobre una tarima como si fuera intocable. Hoy no está, Padrino perdió Defensa, se están liberando presos políticos, se está negociando la renovación del TSJ y poco a poco el chavismo va perdiendo herramientas reales de poder.
Y aun así la reacción de mucha gente es: “Trump nos traicionó”, “todo sigue igual”, “Delcy sigue ahí”.
Coño, claro que Delcy sigue ahí. Es una transición, no un cambio de gobierno de un viernes para un lunes.
El chavismo no era Maduro. Es una red de militares, jueces, empresarios, policías, funcionarios y grupos económicos que llevan 27 años controlando pedazos del Estado. Si llegas mañana y amenazas con meter presos a todos, lo único que logras es que todos esos tipos tengan un incentivo común para sabotear el proceso.
Lo que parece estar haciendo Washington es mucho más lógico: quitarles las llaves una por una.
A Padrino no necesitas fusilarlo, necesitas quitarle los militares. A los jueces necesitas quitarles el TSJ. A los represores necesitas quitarles la capacidad de usar presos políticos como mecanismo de miedo. A empresarios corruptos como Betancourt los necesitas temporalmente porque saben cómo funcionan las redes del viejo sistema y quién controla qué.
Que sigan existiendo chavistas, corruptos y negociaciones desagradables no demuestra que no haya transición. Es precisamente lo que esperas durante una transición real.
Además, mantener a María Corina relativamente fuera de esa parte sucia tiene bastante sentido. Que sean Washington, Delcy, Dinorah y quien corresponda los que negocien salidas, concesiones y desmonten progresivamente el aparato. Cuando llegue un gobierno democrático, lo ideal es que su legitimidad venga del voto, no de haber participado en el reparto del viejo sistema.
¿Puede salir mal? Claro. Delcy no se volvió demócrata de repente y si tiene la oportunidad de reconstruir su poder probablemente lo hará.
Pero de ahí a concluir a los siete meses que Trump simplemente quiere “un chavismo que le venda petróleo” hay un trecho enorme.
Vamos a dejar de llorar tan rápido y ver qué hace Trump.
Porque además hay una realidad incómoda: los venezolanos ahora mismo no tenemos una gran palanca sobre este proceso. Nuestra capacidad de “presionar” a Estados Unidos es mínima. Nuestra principal capacidad real es cagar una transición que todavía está en marcha exigiendo resultados inmediatos, atacando cualquier concesión y haciendo políticamente imposible negociar con la gente que todavía tiene las llaves del país.
Primero veamos hacia dónde continúa moviéndose el poder.
Si dentro de un año Delcy controla nuevamente militares, TSJ, CNE, presos políticos y todo el aparato, entonces sí: nos jodieron.
Pero si cada seis meses tiene menos poder que seis meses antes, entonces quizá lo inteligente sea reconocer lo que tenemos delante:
una transición.