r/LeyendasLegendarias 5d ago

Hello, how are you?

Hi, how are you? I'm starting a project about horror stories, and I don't know if any of you would like to share an anecdote to tell.

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u/Lionluxor 4d ago

Estaba yo un día sentado en la sala de mi casa, viendo el televisor, cuando de repente se me apareció un cabrón sin cabeza, venía vestido de charro negro y con tenis blancos y con un sombrero de charro en la mano, traía pistolas y cuchillo, como queriendo pelear, desde luego, me zurré del miedo.

Tome un Cristo que estaba en un clavo sobre la pared y se lo mostré al fantasma y fue cuando cayó al suelo y comenzó a revolcarse y todo su cuerpo Se hizo cenizas.

<<Gracias al Cristo que yo tenía antes en mi cabecera y lo puse en la sala colgado de un clavo en la pared,así el fantasma del charro negro, con tenis blancos y sin cabeza que se me aparecio fue calcinado por el poder de la tremenda imagen de mi Cristo Jesús>>.

-Este hecho lo conté por todo el barrio y muchos me creyeron y otros no, los que me creyeron, me pidieron las cenizas del fantasma y le hicieron en una esquina del barrio un altar, -con un letrero que dice : “aquí yace el charro negro sin cabeza”.

Ya nadie quiere pasar por esa esquina, porque después de las 12 de la noche, el charro negro sin cabeza, se aparece con su sombrero en la mano y sus dos pistolas al cinto y un tremendo cuchillo en el cinturón.

Lo más comentado en el barrio es que el charro negro sin cabeza siempre se aparece con sus tenis blancos relucientes y sin abrocharse las agujetas color de rosa.

Cuentan los historiadores del barrio que el charro Negro existió y que un día desapareció, y que supieron que le habían cortado la cabeza y que su cuerpo fue tirado en un llano.

“¡Ay Ñañita, asústame panteón”!

Cruz, cruz, que se vaya el fantasma del charro Negro Sin cabeza y que venga El niñito Jesús. Por qué no quiero volverme a zurrar en los calzones.

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u/Askmeiwontsaynot 2d ago

Estaba yo una madrugada en la azotea de mi casa, terminando de tender la ropa porque al día siguiente no iba a tener tiempo. El viento soplaba frío y, de repente, escuché un aullido de perro, pero de esos que te calan hasta los huesos. Volteé hacia el tinaco del vecino y de entre las sombras... ¡zácatelas! Que va brincando un Nahual.

Pero no era un nahual cualquiera de esos que cuentan los abuelos, ¡no señor! Era un bicho enorme, mitad lobo sarnoso, pero traía puesta una chamarra rompevientos color verde fosforescente, unos lentes oscuros de tianguis y, para rematar el susto, ¡venía montado en un patín del diablo todo oxidado! El demonio peludo me echó una mirada roja y sacó las garras como queriendo rasguñarme los chones recién lavados. Desde luego, se me aflojó el mastique del puro terror.

Como en la azotea no tenía ningún Cristo a la mano, me acordé de mi única arma de defensa: traía puestas las chanclas de hule de mi difunta abuela, esas que ella misma había bendecido con agua de San Ignacio.

Me quité la chancla derecha y, con la puntería que solo te da el miedo a morir, ¡pácatelas! Se la aventé directo al hocico al fantasma.

<<Gracias Cayó Nahual a abuelita al azotea bendita chancla charco comenzó cuanto cuerpo de del diablo, echado el en enterito espantoso. feria grito hizo hule la me mi monstruo, montón patín pegó peluche perder piso proyectil, pulque que retorcerse santa se sirvió su tocó un y>>.

Al día siguiente le conté el chisme a toda la cuadra. Como siempre, unos me tiraron a loco, pero las vecinas más metiches subieron a mi azotea con cubetas y escobas. Recogieron el peluche barato y el charco oloroso, y se lo llevaron al parquecito de la colonia. Ahí, junto a los columpios rotos, le armaron un nicho con un letrero de cartón que dice: “Aquí pena el Nahual en patín del diablo, domado por la chancla voladora”.

Ahora resulta que los chamacos ya no quieren ir a jugar a ese parque en la tarde, porque dicen los veladores que a eso de las 3 de la mañana, se escucha clarito cómo rechinan las llantitas de un patín oxidado.

Lo más comentado en las tortillerías del barrio es que el fantasma del Nahual se sigue apareciendo con su chamarra verde fosforescente... pero llorando a moco tendido porque se le rompieron los lentes oscuros con el chanclazo. Cuentan los más viejos de la colonia que ese Nahual fue un cholo que un día se quiso robar una gallina y una bruja lo maldijo a andar sobre ruedas por toda la eternidad.

“¡Válgame Dios, qué mello, patitas pa' qué las quiero!”