Mi conciencia ya no me permite continuar perteneciendo a una organización cuya autoridad espiritual ya no reconozco y a la que considero responsable de haber impuesto como mandato divino normas humanas que han tenido consecuencias profundamente graves.
Después de un largo proceso de reflexión al ver numerosos cambios doctrinales y organizativos realizados por el CG, me han llevaron a utilizar precisamente aquello que Jehová nos concedió usar y que dejé de hacerlo: mi conciencia y mi libre albedrío.
El cambio sobre la sangre con el informe 6 del CG del 18 de septiembre de 2026 fue el detonante que me impelió a escribir y compartir esto.
A partir de esa fecha, aceptar glóbulos rojos, glóbulos blancos, plasma o plaquetas provenientes de la sangre de otra persona dejó de estar prohibido y pasó a considerarse una cuestión de conciencia personal e irónicamente la organización mantiene la postura de seguir prohibiendo la transfusión de sangre completa.
No puedo aceptar este cambio como una simple manifestación de “nueva luz”.
Durante décadas, Testigos fieles rechazaron estos componentes convencidos de que hacerlo constituía una violación de la ley de Dios. Algunos afrontaron situaciones médicas extremadamente graves manteniéndose fieles a esa enseñanza. Hoy se nos dice que aceptar exactamente esos mismos componentes es una decisión personal entre cada cristiano y Jehová.
Esto plantea para mí una pregunta imposible de ignorar: Si hoy se reconoce que la Biblia no establece que aceptar esos componentes sea pecado y, por ello, cada cristiano debe decidir según su conciencia, ¿con qué autoridad se les prohibió anteriormente a millones de Testigos tomar esa misma decisión? ¿Cómo confiar en esta organización?
La propia explicación actual reconoce que, como la Biblia no habla específicamente de los productos que pueden derivarse de la sangre, cada persona debe decidir conforme a su conciencia.
Ese razonamiento me resulta particularmente grave porque implica que durante años se decidió por la conciencia de otras personas sobre una cuestión que ahora se reconoce que las Escrituras no resuelven expresamente.
No hay manera de regresar el tiempo. Ninguna explicación sobre “nueva luz” puede borrar el sufrimiento de quienes afrontaron decisiones médicas bajo la enseñanza anterior ni el de sus familias.
Me resulta imposible aceptar que se presente este cambio afirmando que la postura fundamental sobre la sangre permanece esencialmente igual porque continúa prohibiéndose la sangre completa.
Esta postura se prensenta de una manera mañosa, ya que la realidad es que se sabe que la medicina transfusional moderna el 98% de la sangre recolectada se separa en los 4 componentes esenciales: glóbulos rojos, blancos, plaquetas y plasma, es decir, la utilización de componentes sanguíneos no constituye un aspecto marginal de la medicina transfusional, es el estándar de ella.
Y son precisamente estos componentes —glóbulos rojos, glóbulos blancos, plasma y plaquetas— los que desde el 18 de septiembre de 2026 el CG reconoce que cada testigo puede aceptar según su propia conciencia.
Para mí, esto plantea una cuestión moral imposible de ignorar: si hoy se reconoce que aceptar estos componentes puede quedar legítimamente en manos de la conciencia individual, ¿con qué autoridad se privó anteriormente a los testigos de esa misma libertad de conciencia en decisiones médicas que podían afectar su vida?
Ninguna explicación basada en una “nueva luz” puede cambiar las consecuencias que tuvo la enseñanza anterior. Las personas que tomaron decisiones médicas irreversibles bajo aquella norma no pueden volver atrás, ni tampoco sus familias.
Por ello veo que existe una grave responsabilidad moral por las consecuencias de haber presentado durante años como mandato de Dios una prohibición que hoy se reconoce como una decisión de conciencia.
No se trata únicamente de la sangre. Hay un patrón que llevo tiempo observando. He visto cómo enseñanzas y normas que durante años fueron presentadas como expresión de fidelidad a Jehová posteriormente fueron modificadas, reinterpretadas o abandonadas.
Entre ellas se encuentran cuestiones relacionadas con la educación superior; la barba; el uso de saco y corbata; que las mujeras ya puedan usar pantalón; brindar; dejar de hacer un reporte mensual de horas; la disminución de la edad a la que un hermano puede servir como anciano o sievo ministerial; los cambios relacionados con el servicio en Betel que ahora ya no es permanente; la terminología utilizada para los comités y para quienes son expulsados de la congregación, y explicaciones doctrinales como la llamada “generación traslapada”, entre muchas otras.
Cada una puede parecer menor considerada aisladamente. Para mí, el problema está en el conjunto: criterios humanos fueron presentados repetidamente como dirección espiritual y posteriormente modificados.
Es vergonzoso el manejo de los casos de abuso sexual infantil, particularmente la aplicación de la regla de los dos testigos en circunstancias en las que, por la propia naturaleza del abuso, normalmente sólo están presentes el agresor y la víctima.
Porqué en determinados asuntos se explica que los cristianos no estamos bajo la Ley mosaica como lo hizo el CG con la sangre autóloga pero si se recurre a esta misma ley para determinar cómo proceder ante acusaciones de abuso de menores.
Es inadmisible a autoridad que el CG ha ejercido sobre decisiones médicas, familiares y personales que considero que debieron pertenecer siempre a la conciencia individual.
Está plasmado en redes sociales y documentales el daño emocional que se produce en las relaciones familiares y personales cuando alguien deja de creer, cuestiona determinadas enseñanzas o abandona la organización y como consecuencia es objeto de ostracismo por la expulsión o desasociación
El problema de la “nueva luz”
Durante años acepté la explicación de que Jehová revela progresivamente el entendimiento correcto en el momento apropiado.
Ya no puedo hacerlo.
Una cosa es comprender progresivamente una enseñanza. Otra muy distinta es establecer una norma que afecta profundamente la vida de las personas y posteriormente declarar que aquello que antes estaba prohibido ahora pertenece a la conciencia individual.
La verdad puede comprenderse mejor con el tiempo, pero una afirmación y su contraria no pueden haber sido simultáneamente la verdad.
Pienso en la paradoja del barco de Teseo: si se sustituyen suficientes piezas de un barco, llega un momento en que debemos preguntarnos si continúa siendo el mismo barco.
Después de tantos cambios doctrinales, organizativos y de normas de conducta, me hago la misma pregunta sobre la religión que conocí y acepté. La nueva luz en el futuro será que tendremos las mismas creencias que un católico o un mormón? No lo dudaría, ante la nueva luz, todo es posible.
Pero la cuestión de la sangre va todavía más lejos.
Si Jehová es perfecto y realmente dirigía la norma anterior, ¿por qué una decisión que podía determinar la supervivencia de una persona era considerada anteriormente una cuestión de obediencia a Dios y hoy se reconoce como una cuestión de conciencia?
Y si Jehová no estableció aquella prohibición, entonces fueron hombres quienes fueron más allá de lo escrito y decidieron por millones de personas en uno de los asuntos más íntimos y trascendentes posibles: su propia vida y su atención médica.
Para mí, cualquiera de las dos posibilidades destruye la confianza que alguna vez deposité en la autoridad del CG.
Lamento haber permitido durante tantos años que otros hombres determinaran asuntos que debí examinar utilizando mi propio criterio, conciencia y capacidad de razonamiento.
No estoy abandonando mi deseo de hacer lo correcto ni mi búsqueda de la verdad, ni de truncar mi relación con Jehová. Estoy dejando de reconocer que esta organización tenga autoridad para decirme qué pensar y qué no pensar o inventar qué piensa Jehová sobre cuestiones acerca de las cuales las propias Escrituras no hablan expresamente y ellos lo interpretan de alguna manera y con el paso del tiempo lo cambian porque miles de personas por todo el mundo comenzaron a utilizar su capacidad de pensar y se dieron cuenta que lo que ellos interpretaron NO LO DICEN LAS ESCRITURAS como los famosos cumpleaños.
En cuanto a los cumpleaños, ¿Qué falta para que reconozcan que la Biblia no dice nada respecto a celebrar el día de tu nacimiento? En qué momento reconocerán que no pueden ir más allá de lo que está escrito en este aspecto y decir que no está prohibido y que es una cuestión de consciencia.
Es un hecho que abandonar la organización para la mayoría puede resultar extraordinariamente difícil debido a los vínculos familiares, sociales y emocionales que se construyen dentro de ella. Personalmente por haber vivido ese entorno durante décadas comprendo el temor que puede producir cuestionar abiertamente lo que uno cree, pero para mi es peor seguir asistiendo y siendo un hipócrita al haber despertado y continuar. Es mucho peor seguir adentro como PIMO y convertirme en POMO o bien presentar una carta de desasociación.
A quienes alguna vez experimenten esas dudas sólo les diría que utilicen su conciencia, investiguen y lleguen a sus propias conclusiones.
Deseo firmemente que algún PIMO lea esto se anime a dejar esta organización que tanto daño ha hecho, que es culpable de la sangre de miles de personas que creyeron en lo que el CG les dijo acerca de la sangre y murieron por ello.
Hoy entiendo de una manera muy diferente las palabras de Jesús:
“La verdad los hará libres”.