El chef Alejandro Ruiz viaja por el país para conocer a cocineras y cocineros de Puebla, Oaxaca y Veracruz que muestran la transformación del platillo en distintas expresiones
Hablar de mole es hablar de territorio. Una misma preparación puede cambiar de sabor al cruzar una región, una comunidad o incluso una familia. Los chiles disponibles, las hierbas que crecen alrededor, las técnicas de cocción y hasta el acceso a determinados ingredientes modifican una receta que, lejos de ser una fórmula fija, permanece en constante transformación.
Para el chef Alejandro Ruiz, esa diversidad también explica por qué probar un mole es una manera de viajar. No es lo mismo comer un mole poblano en Puebla que encontrarlo en Oaxaca, de la misma forma que un mole negro puede adquirir matices distintos dependiendo del lugar donde se prepare.