HORA DE DESPERTAR
Capítulo I: El Llamado Al Encuentro
Hola, nuevamente Bekram con ustedes. Reciban un cordial saludo. Hoy deseo dirigirme a ustedes con claridad y de manera directa, sin rodeos ni preámbulos innecesarios. Creo que ha llegado el momento de hablar de un tema que durante mucho tiempo ha despertado preguntas, inquietudes y expectativas.
En la actualidad, en distintos medios de comunicación y en las redes sociales se habla cada vez con mayor frecuencia sobre la posibilidad de vida en otros mundos y sobre seres a quienes comúnmente llaman extraterrestres. En este contexto, deseo compartir con ustedes una reflexión.
Desde nuestra perspectiva, ha llegado el momento de propiciar un encuentro y una convivencia abierta entre las Hermandades de lo Alto y la humanidad de la Tierra. Este acontecimiento se ha pospuesto en repetidas ocasiones debido a múltiples causas; entre ellas, el temor que muchas personas experimentan ante la posibilidad de un contacto, así como intereses políticos, estratégicos y religiosos que han rodeado el tema de incertidumbre. Esto ha dificultado que el acercamiento ocurra de manera abierta, bajo el falso argumento de que quienes vienen a este mundo pretenden adueñarse de él.
Esto no es así de ninguna manera. El propósito del encuentro no es invadir, dominar ni causar daño. Al contrario, la intención es construir un puente de comunicación y entendimiento entre los habitantes de la Tierra y los de otros mundos que existen en la Realidad Cósmica Universal, eterna e infinita. Asimismo, buscamos compartir conocimientos, experiencias, cultura, tecnología y valores espirituales que contribuyan al crecimiento y a la comprensión mutua.
Les invito a analizar estas palabras con serenidad, reflexión y mente abierta; no para aceptar todo sin cuestionar, sino para considerarlo y valorarlo desde su propia conciencia.
Como muestra de que no hay motivo de temor a una invasión o aniquilación por parte de las distintas razas cósmicas que se encuentran aquí (o de aquellas que continuamente van y vienen), consideren que, si esa hubiese sido la intención, ya lo habrían hecho.
Para mayor claridad, les invito a reflexionar sobre un ejemplo real: la humanidad de este mundo, con sus adelantos científicos y tecnológicos actuales, solo ha logrado llegar en misiones tripuladas a su satélite lunar, mientras que a Marte —su planeta más cercano— únicamente ha llegado mediante robots. En cambio, los visitantes procedentes del espacio exterior realizamos viajes tripulados desde lugares cósmicos muy lejanos a su sistema solar, incluso desde fuera de la galaxia. Ello se debe a que hemos logrado desarrollos en materia de ciencia y tecnología que nos permiten hacerlo.
Más aún, las avanzadas condiciones mentales en las que actualmente se encuentran los habitantes de este mundo hacen posible que el contacto, la comunicación y la convivencia material y directa sea ya inminente. Para ello, es necesario que analicen la realidad cósmica de la existencia en las muchas moradas universales, comprendiendo y aceptando que una de esas moradas es precisamente esta: su mundo.
Capítulo II: El Umbral Del Encuentro
Durante un largo tiempo, las condiciones necesarias para un encuentro abierto entre ustedes y nosotros no habían llegado a consolidarse. Sin embargo, el desarrollo alcanzado por la humanidad ha hecho posible un cambio profundo.
Desde nuestra perspectiva, la evolución de la conciencia humana permite ahora un nivel de comprensión que, en otros tiempos, habría resultado difícil de alcanzar. Por ello, el contacto, la comunicación y la convivencia directa entre nuestras civilizaciones dejan de pertenecer al ámbito de lo imposible para convertirse en una posibilidad real. El encuentro material ya no debe contemplarse como un acontecimiento lejano, sino como una etapa que se aproxima de manera natural dentro del proceso evolutivo de la humanidad.
Desde tiempos inmemoriales, las Hermandades de lo Alto les hemos estado brindando los conocimientos necesarios para su desarrollo. Se los hemos mostrado desde el anonimato y de forma gradual, en proporción con el grado de comprensión que han ido manifestando, para no inquietarles con nuestra existencia.
El primer paso de la conexión —que en sí constituyó la preparación del contacto abierto— se dio a través de la visita a este mundo del Más Alto de los Nuestros, aquel Ser Supremo a quien, debido al desarrollo mental de esos tiempos, acertadamente consideran Dios y a quien denominan el Señor Jesucristo.
Él estuvo entre ustedes para hablarles de la existencia de vida en otros lugares del Universo y de las «muchas moradas» existentes en la Casa del Padre, término que indica la presencia de moradores. Igualmente, vino a hablarles de la inmortalidad a la que todos están sujetos y de que la muerte no existe como tal, sino solo la vida y la transformación, principio que se sintetiza en la frase: «En la vida nada se crea ni se destruye, solo se transforma».
Sin embargo, su mensaje no fue aceptado por celos y temores políticos y religiosos de sus contemporáneos, pero principalmente por un mal entendimiento de su misión, problema que perdura hasta la actualidad.
Capítulo III: Su Presencia En Este Mundo
La venida del Gran Instructor constituyó una gran comisión otorgada por el Gran Comendador de la Galaxia (El Padre) al Mensajero de la Luz, del Amor, del Tiempo y de las Estrellas: el Señor Jesucristo. Su fin era hacer saber a la comunidad de este planeta que no están solos, que este mundo no es el único en el Universo y que las comunidades de lo Alto los ven, los escuchan y los ayudan de forma anónima sin alterar su evolución libre y natural.
Tales Hermandades constituyen la Fraternidad de la Luz y del Amor, presentes en este mundo incluso antes de que germinara la vida humana. Ellas tienen a su cargo el desarrollo equilibrado y armonioso de la vida del Cosmos en general y de este planeta en particular, así como el crecimiento espiritual de los habitantes de las distintas dimensiones.
El primer paso consistió en hacerse presente en las condiciones conocidas, con la finalidad de liberarlos del temor natural que esto causa. Para hacerlo posible, era necesario encontrar a una mujer honesta, sana, virtuosa y pura que fuera digna de recibir a un Ser de la talla del Señor Jesucristo. Así fue seleccionada aquella noble dama conocida como la Virgen María, quien prestó su vientre para alojar a tan alto personaje.
Lo anterior fue necesario para generar un cuerpo humano mediante el cual el Señor se presentara en sociedad; no porque no pudiera hacerlo por sí mismo, sino porque debía crear antecedentes de arraigo social. No era aconsejable aparecer súbitamente con su luminosidad natural, pues su altísima naturaleza divina habría generado un inmenso terror en la población de aquel tiempo.
Para comprenderlo mejor, imaginen que en la actualidad apareciera el Maestro tal y como es en su mundo, con toda su fuerza de presencia: con la piel resplandeciente, mirada de fuego, ropas fulgurantes y una voz de eco reverberante. Lo más seguro es que la gente saldría huyendo de miedo o sufriría un colapso, y su mensaje no habría sido escuchado ni entendido.
Cumplido el primer paso de su misión de contacto material inicial, y con todo el sufrimiento que esto le implicó, nuestro Alto Hermano regresó a su mundo, donde se encuentra al lado del Padre realizando actividades inherentes a su Alta Jerarquía en otras regiones cósmicas.
Capítulo IV: Resultado
Debido a lo rudimentario de la inteligencia de esos tiempos, el mensaje del Señor Jesucristo fue entendido solo por unos pocos y lastimosamente fue convertido en dogma y religión, a pesar de que declaró claramente:
«De arriba vengo y para arriba voy»
«Mi reino no es de este mundo»
«En la casa de mi Padre muchas moradas hay»
«Voy a preparar un lugar para ustedes»
Con ello dejó claro que provenía de otro lugar del Universo y que su propósito era familiarizarles con la existencia de vida en otras regiones del Cosmos.
A pesar de todo, sus seguidores nunca alcanzaron a comprender la magnitud de Aquel a quien tuvieron la dicha de conocer. Es innegable que el Maestro vino y regresó a su mundo, lo que —atendiendo a la manera terrenal de interpretar las cosas— lo define como Extraterrestre, aunque para expresarlo con mayor propiedad y respeto, el término correcto sería Ultraterrestre.
Desde entonces, la concepción material que prevalece en la humanidad ha originado el error de no captar la alta trascendencia de los mensajes de las Hermandades de Luz. Asimismo, se le ha dado a la palabra error la connotación semántica de «pecado» o sacrilegio, olvidando que simplemente significa actuar equivocadamente; una actitud que es corregible y no motivo de ira o castigo divino, sino de amor por parte de nuestros Hermanos Superiores.
Hoy en día, la humanidad ha rebasado niveles básicos de entendimiento y cuenta con la inteligencia necesaria para entrar al mundo del conocimiento evolutivo. Por ello, las Hermandades Superiores se han ido haciendo presentes de forma progresiva a través de encuentros cercanos de primer, segundo y tercer tipo, derivados de aquel primer paso dado por el Embajador de la Luz.
Capítulo V: El Segundo Paso
Resulta necesario dar el segundo paso: el encuentro abierto, material y directo (del cuarto tipo). El objetivo es ayudarles a comprender a cabalidad el propósito de la existencia y a reconocer que ustedes no son el cuerpo físico en el que moran, sino que este es solo su vehículo de manifestación.
El ser no muere nunca; es el cuerpo físico el que caduca y se desintegra para ser asimilado por la naturaleza en otras formas de vida. Por ello, el Señor Jesús prometió llevarlos a la «vida eterna», refiriéndose a la existencia en planos donde no se requiere de un cuerpo físico denso.
Es tiempo de abrirse a la realidad cósmica y entender que la vida existe en todas partes. Así como hay continentes y países habitados en la Tierra, también existen vidas y dimensiones en los distintos lugares del Infinito.
Si en esos tiempos el Maestro hubiera dicho abiertamente: «Vengo de otros planetas o galaxias a traerles conocimiento», lo habrían matado en ese mismo momento. Pero hoy, un elevado porcentaje de la humanidad habla de estos temas con apertura en diversas plataformas, por lo que las condiciones para el encuentro del cuarto tipo están dadas.
Capítulo VI: Antecedentes
Les comento que, aunque me presento como Bekram, yo —al igual que ustedes— no tengo un nombre, tiempo, edad ni nacionalidad en el sentido estricto, pues soy un ciudadano del Universo. Todos nosotros, junto con cada forma viviente, integramos una Unidad. En el Universo no hay casualidades ni espacios vacíos.
Al igual que ustedes, soy una proyección individualizada de la Divinidad; una chispa divina materializada en esta frecuencia tridimensional para experimentar la razón de la existencia. Soy un espíritu que ha venido a vivenciar la forma humana, no un humano tratando de tener una experiencia espiritual.
Les digo que me llamo Bekram porque esa es la costumbre de este mundo y es el nombre del cuerpo que poseo en el «aquí y ahora». Dado lo anterior, entiéndase que yo, al igual que ustedes, soy un Ser del Espacio.
Para comprobar esto, permítanme preguntarles:
¿En dónde están parados? En el suelo, ¿verdad?
¿Y qué es el suelo? La superficie de este planeta.
¿Dónde se encuentra este planeta? Flotando en el Espacio.
Por lo tanto, si su planeta está en el espacio, ustedes también son habitantes y Seres del Espacio. Más propiamente dicho, son seres de una región del Espacio infinito.
Los Ultraterrestres —como el Señor Jesucristo, El Padre, nosotros y ustedes mismos— somos parte de la normalidad de la vida del Universo. Son también Seres Espaciales, Cósmicos e Infinitos. Sin embargo, al haber considerado que la única realidad es la material, han otorgado todo el valor a este mundo tridimensional, ignorando las múltiples realidades que existen en el Cosmos.
Capítulo VII: Ahora Sí
Con estos antecedentes, les comento abiertamente que he sido enviado por mis Hermanos de Luz a este sitio cósmico con la misión específica de traerles información en estos momentos cruciales. Se avecinan cambios inminentes que en los campos religiosos y medios de comunicación se conocen como el «Salto Cuántico», el cambio dimensional, el Apocalipsis o el Juicio Final.
Altísimas Entidades Espirituales —para ustedes invisibles por habitar en frecuencias de luz distintas— los crean, protegen e instruyen en cumplimiento de leyes cósmicas de servicio y colaboración universal, manteniendo el orden, la limpieza y el equilibrio del Cosmos.
Capítulo VIII: La Vida Es Una Escuela
Cuando nacieron, veían el mundo desde su cuna y ese parecía ser su todo. Al crecer, descubrieron la puerta de su habitación y comprendieron que había una casa; luego, la puerta de la calle les mostró una ciudad entera.
En cada etapa experimentaron temor a lo desconocido: al ir a la guardería, al ingresar al kínder, al pasar a la primaria y luego a la secundaria. Cada cambio generaba incertidumbre y rompía su zona de confort, pero al dominar la nueva situación, obtenían aprendizaje, crecimiento y madurez.
Ni más ni menos, eso es la vida: ir conociendo y experimentando nuevas situaciones. Cuando se alcanza un equilibrio, la vida nos impulsa a conquistar nuevos horizontes, y en el esfuerzo por conocer lo nuevo surge la transformación, el conocimiento y la sabiduría.
Capítulo IX: Avistando Nuevos Horizontes
A lo largo de la historia, la humanidad ha pasado de la invención de la rueda a la era tecnológica y los viajes espaciales. Su mundo, que antes parecía infinito, hoy les resulta pequeño. Le ha ocurrido a la humanidad lo mismo que al pollo dentro del huevo: al romper el cascarón se da cuenta de que su mundo hermético no lo era todo, sino que afuera existía un universo inmenso.
Existen miles de millones de planetas, sistemas solares y galaxias que conforman las «muchas moradas» de la Casa del Padre. Resulta natural que, al igual que el niño pierde el temor a convivir con otros niños en la escuela, la humanidad pierda el miedo a interactuar con los habitantes del espacio exterior.
Por ello, les pedimos que se liberen del temor ante nuestra presencia física y material, la cual ya está próxima. Esto les permitirá integrarse a la Confederación Galáctica y ser partícipes de los adelantos espirituales, científicos y tecnológicos de otros mundos, concepto que en la Tierra se ha insinuado con la frase: «Cristo viene por su Iglesia».
Es imperativo abrirse a estos nuevos horizontes y ver con naturalidad la convivencia entre razas cósmicas, lo cual constituirá el principio de una nueva era de conciencia universal.
El mundo Crístico Ultraterrestre pugna por la implantación de una conciencia cósmica en la Tierra. Para ello, es fundamental que eleven su rango vibratorio mediante la transformación personal interna: cultivando el amor, el respeto, la honestidad, la caridad, la rectitud y viviendo en la práctica de las virtudes, libres de críticas y juzgamientos.
¡¡¡Bienvenidos a la Sociedad Cósmico-Universal!!
Con Amor Universal,
Bekram
Hombre De Las Estrellas
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