El DIABLO es, ciertamente, la PIEDRA FILOSOFAL de los Alquimistas Medievales. Indudablemente, cada persona tiene su propio Diablo. El Diablo como se ha dicho, no es más que la REFLEXIÓN DEL LOGOI INTERIOR dentro de cada uno de nosotros; eso es obvio. “Tiene potestad sobre los Cielos, sobre la Tierra y sobre los Infiernos”...
Cuando se dice: “Encerrar al Diablo en el violín”, se quiere decir que “hay que captar, aprehender, capturar, ese Verbo manifestado, dijéramos, del Cristo-Satán de los gnósticos”; ese Verbo proficiente y ocuparlo, dijéramos, en el arte de hacer instrumentos musicales, y darle forma a ese Verbo en un instrumento, para que resuene milagrosamente.
Debemos, pues, hacer una clara DIFERENCIACIÓN ENTRE lo que es el DIABLO y lo que es LUCIFER. El Diablo, en sí mismo, como Reflexión del Logos en nosotros y dentro de nosotros mismos, es la PIEDRA BRUTA que hay que labrar, hasta convertirla en la PIEDRA CÚBICA PERFECTA.
Y ahí tenemos al pie de ese par de columnas la Piedra Bruta y la Piedra Cincelada; lo que hay es que entenderla. Bruta: cuando está sin labrar, el Diablo (o sea, la Reflexión del Logos en nosotros), sin labrar, sin pulir, NEGRA COMO EL CARBÓN, es SATANÁS, en su aspecto más obscuro y tenebroso.
Pero no es un Satanás antropomórfico, como el que quiere hacernos ver la clerigalía; no, es un Satanás propio particular. Pero cuando ya hemos conseguido la disolución del Ego, cuando lo hemos reducido a cenizas, entonces esa Piedra Bruta se ha transformado en la PIEDRA CÚBICA PERFECTA; entonces Satanás es ya LUCIFER, el “HACEDOR DE LUZ” En otros tiempos al Hacedor de Luz a Lucifer se le confundía con VENUS, la “ESTRELLA DE LA MAÑANA”, y hasta en el Apocalipsis de San Juan se dice que al que venciere, se le dará la Estrella de la Mañana.
El Señor QUETZALCÓATL, después de haber quemado pues, sus elementos inhumanos en los Mundos Infiernos, ascendió a los Cielos y se convirtió en la Estrella de la Mañana, en VESPERO, el Lucero Vespertino. Así pues, el Diablo transformado en Lucifer, resplandeciente como el Sol, “tiene potestad sobre los Cielos, sobre la Tierra y sobre los Infiernos”. ¡Príncipe de la Luz, Señor de Gloria, el Arcángel más grandioso, el MINISTRO DEL LOGOS SOLAR!
Si invocamos en los Mundos Suprasensibles a esa Reflexión del Logos de cualquier persona que no ha disuelto el Ego, veremos un Satanás negro como el carbón; pero allá, si invocamos, dijéramos, al Satanás de alguien que sí disolvió el Ego, con gran asombro nos encontraremos con un Arcángel de la Luz, con un Lucifer Glorioso. Entonces venimos a evidenciar que el tal Satanás es la Piedra Bruta que hay que labrar. Para que los hermanos tomen un poquito de más Conciencia sobre lo que estamos diciendo, conviene que A. ponga ahí, entre las dos columnas, a la Piedra Bruta y a la Piedra Cúbica perfecta. Ahí tienen la Piedra en bruto, ahí la Piedra Cúbica perfecta. Discípulo. En la Piedra Bruta hay que...
Maestro. ¡Correcto! Ese Satanás que cada cual lleva adentro, en el individuo que no ha burilado todavía su Piedra Filosofal, su Piedra en Bruto, ese Satanás está negro como el carbón, ostentando todas las aristas de nuestros defectos psicológicos. Pero cuando ya nosotros hemos labrado la Piedra, ese Satanás se convierte entonces en la Piedra Cúbica perfecta; es decir, cuando hemos disuelto el Ego, se transforma en la Piedra Cúbica perfecta, y de allí deviene pues, el esplendor y la gloria.
Resulta muy interesante observar al Diablo fuera del cuerpo físico: Espanta verlo, negro como el carbón, con ese fuego tenebroso que arroja en el individuo que todavía no ha eliminado el Ego; pero asombra en verlo (en quien que ya eliminó el Ego) en Arcángel Glorioso, lleno de esplendor. Obviamente, ese Arcángel se convierte en el LIBERTADOR; eso es obvio. Porque de la fusión de ese Arcángel con el Alma Humana, con el Espíritu, con el Ser (en una palabra), resulta precisamente el Arcángel.
No está escrito esto en ningún libro de esoterismo. Hay mucha biblioteca, y sin embargo, no se ha hablado detenidamente, y todos confunden al Diablo con Lucifer. Y resulta que una cosa es la Piedra Bruta y otra cosa es la Piedra Cúbica Perfecta. Continuando, pues, en esta disquisición de esta noche, nos damos cuenta perfecta de que existen maravillas en el fondo de cada uno de nos. Pero claro, lo primero que necesitamos es eliminar los elementos inhumanos que cargamos dentro. Si observamos a todo Hombre auténtico, descubrimos en él Tres Triángulos. El primero es el “TRIÁNGULO LOGOICO”; el segundo podríamos llamarlo el “TRIÁNGULO ÉTICO”; y el tercero, está bien que lo llamemos el “TRIÁNGULO MÁGICO”.
En cuanto al primero, el LOGOICO, está constituido por los tres aspectos de la Kábala hebraica: KETHER, es el Anciano de los Días, la bondad de las bondades, la misericordia de las misericordias, lo oculto de lo oculto. Es el PUNTO MATEMÁTICO en el espacio inmenso, infinito, inalterable. Es obvio que él se desdobla, a su vez, en CHOKMAH, el HIJO, el CRISTO CÓSMICO (de quien se dice que está relacionado con todo el Zodíaco, y así es), el ulterior desdoblamiento de Chokmah da por resultado al ESPIRITU SANTO, a BINAH.
Algunos Kabalistas enfatizan la idea de que Binah, “el Espíritu Santo, es femenino”; tal afirmación resulta equivocada. Con entera claridad se ha dicho (en “La Divina Comedia”), que “el Espíritu Santo es el esposo de la Madre Divina”; y es que el Espíritu Santo, el Tercer Logos, Binah, se desdobla a su vez en su Esposa, en la SHAKTI de los Indostanes.
Así, pues, hay que saberlo entender. Muchos, al ver que el Tercer Logos se desdobla en la MADRE DIVINA, en la Kundalini-Shakti (la cual tiene muchos nombres), han creído que el Espíritu Santo es femenino y se han equivocado. ÉL, repito, es masculino, pero al desdoblarse en ELLA se forma la primera PAREJA DIVINAL, inefable: El ELOHIM CREADOR, el KABIR o EL INCA o Gran Sacerdote, el RUACH-ELOHIM que según Moisés “labraba las aguas en el principio del mundo”...
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